Cristina Kirchner y Axel Kicillof no se hablan desde el 1 de octubre de 2025, cuando el Gobernador la fue a ver al departamento de San José 1111, donde cumple con la prisión domiciliaria. Desde entonces, reinó el silencio y los interlocutores.

El diálogo está cortado y la relación personal se mantiene con temperaturas bajo cero. Fueron siete meses de vidas paralelas.

La noche en la que el peronismo perdió la última elección nacional también se cortó la conversación entre Kicillof y Máximo Kirchner. Hablaron por última vez, en el salón del Hotel Grand Brizo, en La Plata, donde tuvieron que digerir el triunfo libertario tras una remontada inesperada.

El líder de La Cámpora sintió por dentro que esa derrota estaba íntimamente ligada al desdoblamiento dispuesto por el Gobernador. Kicillof se convenció aquella noche de que el armado de la lista, la baja intensidad de la campaña y el apoyo de Donald Trump a Miliei habían sido una combinación de factores implacables para el PJ.

La relación personal entre Kicillof y la familia Kirchner está rota. La política aún se puede salvar.