El director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, declaró este martes que la agencia no dispone de evidencia de un programa estructurado para construir un arma nuclear en Irán, pero advirtió que la negativa de Teherán a conceder pleno acceso a los inspectores impide verificar la naturaleza pacífica del programa.
Grossi, diplomático argentino que lidera el OIEA, lo explicó en su cuenta en X y en entrevistas con medios internacionales. Subrayó que "no hay pruebas de que Irán esté fabricando una bomba nuclear", pero que existen elementos que generan grave preocupación, entre ellos la acumulación de material nuclear con un enriquecimiento cercano a fines militares.
El punto central, según Grossi, no es una afirmación categórica de arma inmediata, sino la combinación entre un gran arsenal de uranio enriquecido de grado casi bélico y la falta de transparencia. Esa dupla, dijo, impide a la agencia respaldar que el programa iraní tenga fines exclusivamente pacíficos.
En la conversación con la cadena CNN, Grossi añadió que el OIEA necesita la colaboración de Teherán para "resolver los problemas de salvaguardias pendientes" y que, en su estado actual, la agencia no podrá garantizar que el programa nuclear iraní tenga fines exclusivamente pacíficos. A la vez, enfatizó que el organismo no juzga intenciones, sino hechos y accesos técnicos.
La declaración llega en un momento de alta sensibilidad regional. El ejército israelí aseguró en la misma jornada que atacó un complejo secreto parcialmente subterráneo cercano a la capital, Teherán, donde, según Israel, científicos iraníes trabajaban en actividades vinculadas a armas nucleares. Fuentes internacionales difieren en la verificación de daños y objetivos, y varios países, entre ellos Estados Unidos, siguen de cerca la evolución.
En Chile interesa también el impacto en los mercados: la escalada en Medio Oriente ha impulsado subidas en el precio del petróleo y presiones en bolsas globales, efectos que preocupan a inversionistas chilenos y que ya aparecen en los indicadores financieros.
La tensión entre la necesidad de garantías técnicas y la política de seguridad nacional de Irán convierte al programa nuclear en un espejo de desconfianza regional. Para avanzar, el OIEA reclama acceso y respuestas concretas; sin eso, el diálogo diplomático y la estabilidad del mercado energético podrían seguir marcados por la incertidumbre.
Quedan por ver los próximos movimientos de Teherán respecto a las inspecciones, las verificaciones adicionales que pida el OIEA y la respuesta diplomática de potencias como Estados Unidos e Israel, cuyo escepticismo sobre las intenciones iraníes permanece vivo y condiciona la toma de decisiones en la región.

