La ofensiva conjunta de Estados Unidos (EE.UU.) y Israel contra Irán, y la posterior respuesta iraní, reavivaron esta semana el riesgo de un conflicto mayor en Medio Oriente y encendieron el debate político en Chile. El Gobierno de Chile condenó la escalada y apeló al derecho internacional, mientras la Oficina del Presidente Electo de Chile valoró la acción militar.
Pablo Álvarez, doctor en Ciencias Sociales y especialista en historia contemporánea de Medio Oriente, dijo a este medio que las consecuencias económicas globales pueden trasladarse con rapidez a la economía chilena. Álvarez señaló efectos concretos como el alza en el precio de los hidrocarburos, es decir combustibles como petróleo y gas, y el impacto en el tránsito y el comercio internacional.
Los mercados ya reaccionaron: Wall Street cerró en rojo y el Dow Jones, el principal índice bursátil de Estados Unidos, registró una caída cercana al 0,54%. Al mismo tiempo el petróleo subió, una combinación que suele presionar costos en países que importan energía o que dependen del comercio global.
Para Chile, economía pequeña y abierta al mundo, esos movimientos importan. Un aumento sostenido del precio del petróleo encarece el transporte y la producción, presiona la inflación y reduce el margen de maniobra para los consumidores. Además, la inestabilidad puede afectar rutas marítimas y el seguro de transporte, lo que complica exportaciones clave.
“La repercusión global va a ser enorme... se nos viene una temporada muy, muy, muy nefasta”, dijo Álvarez, advirtiendo que el conflicto difícilmente se resuelva en el corto plazo y que la incertidumbre seguirá presionando los mercados internacionales. En su evaluación resaltó que, aunque Chile esté lejos geográficamente, no está aislado económicamente.
La escalada también abre interrogantes sobre el rol del multilateralismo y la capacidad de organismos como la Organización de las Naciones Unidas para mediar en crisis de esta magnitud. A corto plazo, para los hogares y empresas chilenas lo más probable es ver efectos vía combustibles más caros y mayor volatilidad financiera. A mediano plazo dependerá de cuánto perdure la tensión y de la respuesta de actores internacionales.
Los próximos pasos a seguir para los chilenos son monitorear la evolución de los precios del petróleo y las decisiones del Gobierno y del Presidente Electo en materia de política exterior y económica, y prepararse a ajustes en los costos de transporte y energía si la inestabilidad persiste. Mientras tanto, los mercados permanecerán atentos a nuevas acciones militares y a señales de contención diplomática.

