Anoche, en la Quinta Vergara, el comediante venezolano Esteban Düch tomó el escenario tras el show de Jesse & Joy y desplegó una rutina que osciló entre la anécdota íntima y la reflexión política. Desde sus primeras intervenciones conectó con el público al relatar su llegada a Chile, hacer chistes sobre costumbres locales e imitar el acento chileno, hasta introducir pasajes más duros sobre la crisis venezolana.

El tramo que más llamó la atención fue el que abordó la reciente detención de Nicolás Maduro, según relató Düch en su monólogo. En uno de los pasajes lanzó la frase "Maldita sea Maduro, te odio... ojalá te saquen pelo por pelo en la cárcel", y luego buscó una analogía para explicar a sus espectadores chilenos cómo habría vivido ese momento un exiliado venezolano, citando incluso una imagen que aludía a Donald Trump como símbolo de poder autoritario.

Ese viraje del chiste a la reflexión no es inocente en el contexto cultural. La presencia de temas venezolanos en un escenario masivo como Viña 2026 obliga a articular lo íntimo de la migración con lo colectivo de la política. Para la comunidad venezolana en Chile, que ha vivido desde la diáspora hasta episodios de violencia y episodios judiciales en su país de origen, esos chistes pueden ser catárticos para algunos y dolorosos para otros. Además, en la prensa local han circulado historias recientes que complejizan la percepción pública sobre la migración, como el hallazgo de un cuerpo en Estación Central que, según reportes, era de un hombre presuntamente venezolano.

En la platea se sintieron risas y silencios, reacciones que suelen marcar el límite del humor político. Düch también aludió a George Harris, su compatriota que el año pasado protagonizó una presentación polémica en el mismo escenario, lo que situó su actuación dentro de una continuidad de comediantes venezolanos que emplean la provocación como recurso para hablar de identidad y memoria.

La decisión de mezclar chistes sobre costumbres chilenas con escenas sobre represión y detenciones convierte la rutina en un espejo. Por un lado mostró la habilidad de Düch para traducir una experiencia migrante al lenguaje del humor, por otro planteó preguntas sobre la responsabilidad del comediante cuando toca heridas recientes y procesos judiciales, reales o narrados dentro del arsenal del monólogo.

Más allá del momento puntual, la presentación de Düch en Viña 2026 acentúa un debate mayor: cómo integrar en la cultura pública las voces de la diáspora latinoamericana sin reducirlas a la anécdota o al escándalo. Si el humor sirve para acercar experiencias, también expone fisuras en audiencias diversas. Queda por ver si estos pasajes resonarán en redes y críticas como un acto de honestidad migrante, o si abrirán nuevos cuestionamientos sobre los límites del humor político en festivales masivos.