La Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, conocido por sus siglas en inglés IRGC (Islamic Revolutionary Guard Corps), realizó esta semana la prueba de un nuevo misil naval de defensa aérea en ejercicios frente al estrecho de Ormuz, informaron medios iraníes. Las maniobras, llamadas «Control Inteligente del Estrecho de Ormuz», se desarrollaron el lunes y martes y el lanzamiento fue atribuido al buque Shahid Sayyad Shirazi, según la agencia Mehr.
Las autoridades iraníes presentaron al arma como el Sayyad-3G, un sistema de defensa de largo alcance que, según Teherán, alcanza hasta 150 kilómetros y puede interceptar cazas, drones de gran altitud, aviones de patrulla marítima, aeronaves de apoyo y ciertos misiles de crucero. Irán dijo además que el sistema emplea lanzadores verticales, un sistema de lanzamiento vertical (VLS, por sus siglas en inglés), que permite cobertura de 360 grados sin reorientar el armamento.
La prueba ocurre en un contexto de fuerte tensión entre Irán y Estados Unidos. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió la semana pasada que está considerando «ataques limitados» contra Irán para presionar por un acuerdo nuclear que, según Washington, también debe incluir restricciones al programa de misiles balísticos iraníes. Al mismo tiempo, Teherán y Washington han llevado a cabo rondas indirectas de negociación mediadas por Omán, con encuentros en Mascate y en Ginebra los días 6 y 17 de febrero.
Abás Araqchí, ministro de Exteriores de Irán, dijo en una entrevista que en los próximos días presentará un borrador de acuerdo, y advirtió que si Estados Unidos usa «el lenguaje de la fuerza», Irán «corresponderá» de la misma forma. Esa combinación de presión diplomática y demostraciones militares incrementa el riesgo de errores de cálculo en una zona estratégica.
Aunque el estrecho de Ormuz está a miles de kilómetros de las costas chilenas, las implicancias son directas para la economía y la diplomacia global. El estrecho es un cuello de botella por donde circula una parte importante del petróleo mundial, y episodios de tensión suelen traducirse en alzas del precio del crudo y en volatilidad en los mercados financieros, factores que ya afectaron a Wall Street y preocupan a inversionistas chilenos. Un aumento sostenido del petróleo puede presionar la inflación local, encarecer fletes e impactar a empresas y fondos de pensiones con exposición internacional.
A nivel marítimo, una escalada podría elevar primas de seguro para rutas y buques que transitan zonas conflictivas, y aunque la mayoría de los envíos chilenos no pasan por el Golfo Pérsico, la disrupción en los suministros energéticos y la mayor aversión al riesgo tienen efectos globales que alcanzan a Latinoamérica.
En el plano diplomático, la prueba subraya la dualidad de la estrategia iraní, que combina fuerza militar y negociación. Para Chile y otros países de la región, la recomendación práctica es seguir los desarrollos en los mercados de energía y mantener coordinación con socios internacionales, sin que por ahora existan indicios públicos de afectaciones directas a ciudadanos chilenos en la zona.
Los próximos días serán clave: Washington marcó un plazo corto para presionar por un pacto, y Teherán dice tener un borrador listo. Si se consolidan avances diplomáticos, la tensión militar podría moderarse; si no, la región y los mercados tendrán que prepararse para mayor incertidumbre.
