En Japón, gastar dinero en el cantante o personaje favorito no es una rareza. Es una práctica extendida con nombre propio: oshikatsu, término que se traduce como "apoyar a tu favorito". Según una encuesta citada por la agencia EFE, uno de cada cuatro japoneses la sigue. El gasto promedio llega a los 210.000 yenes anuales, poco más de US$1.300.
El dato viene acompañado de una lógica que preocupa a los expertos. Ryo Hirose, investigador del Instituto NLI, un centro de análisis japonés especializado en tendencias de consumo, señaló que muchos seguidores asumen una ecuación simple: no gastar equivale a no amar. "Para muchos, estos objetos pueden dar sentido a la vida, y es fácil que se forme la percepción de que el gasto en sí mismo conduce a la felicidad", advirtió.
La escala del mercado quedó en evidencia en la Oshikatsu Expo, celebrada en Tokio como parte del evento Lifestyle Week Tokyo. Más de 130 expositores ofrecieron merchandising de cantantes, personajes ficticios, animales antropomórficos e ilustraciones con la estética "kawaii", término japonés para lo "tierno" o "adorable". El público pagó por figuras de colección, álbumes y accesorios de todo tipo.
Reiko, una asistente que se describe como consumidora "suave" dentro del sector, compra de vez en cuando conjuntos para el muñeco de su ídolo. Sin embargo, recuerda el caso de su compañera de trabajo: "Se compró seis álbumes iguales solo para sentir que estaba aportando más al trabajo de su ídolo". En este mercado, ese tipo de compra no sorprende a nadie.
Las empresas conocen bien esa lógica y la explotan con sorteos, colecciones diseñadas para ser casi imposibles de completar y ediciones limitadas que generan urgencia artificial. Para fans con sueldos estancados, la presión puede derivar en consecuencias graves. Hirose relató que algunos seguidores se saltan comidas o buscan trabajos informales para financiar su consumo. En los casos más extremos, ese camino llega incluso a la prostitución.
El desgaste acumulado tiene nombre propio: oshitsukare, el agotamiento del fan que ya no puede seguir el ritmo de un mercado sin techo. La Oshikatsu Expo de este año reunió a más de 130 expositores en Tokio. Para Hirose, el ciclo se perpetúa porque las empresas no tienen incentivos reales para moderar sus propias estrategias de consumo.