El 25 de marzo de 2026, el Gobierno de Chile confirmó un aumento histórico en los precios de los combustibles, con subas que alcanzan hasta un 62% en el diésel y 32% en la gasolina, y su aplicación será inmediata en todo el país. La medida, anunciada desde Santiago, responde al encarecimiento internacional del petróleo derivado de la guerra en Medio Oriente y afectará directamente a consumidores, transportistas y sectores productivos, elevando el costo de vida y la inflación. Según el Gobierno, a través del Ministerio de Energía, el incremento tendrá efecto inmediato en las estaciones de servicio y mantendrá su impacto durante las próximas semanas, con posibles reverberancias en tarifas y precios de bienes y servicios. En las estaciones de servicio se registraron demoras y largas filas desde la noche previa al anuncio, mientras conductores y trabajadores del transporte buscaban abastecerse antes de los nuevos valores. El malestar se dejó sentir especialmente entre sectores medios y trabajadores que dependen del automóvil para sus actividades diarias, y transportistas advirtieron que el aumento compromete sus ingresos y la viabilidad de la actividad. Economistas advierten que la medida podría presionar la inflación y obligar a readecuar tarifas de transporte y costos operativos de la industria, con posibles traslados a precios de bienes y servicios. El Gobierno aún no detalla medidas de contención para mitigar el impacto, limitándose a señalar que se evalúan acciones para proteger a hogares y pequeñas empresas. El contexto internacional, marcado por el conflicto en Medio Oriente, explica en parte la volatilidad reciente de los precios de los combustibles y la expectativa de nuevos movimientos en el mercado energético mundial, que Chile deberá monitorear de cerca para entender sus efectos en la economía doméstica.