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Viña 2026: Ana Tijoux y Pablo Chill-E, la deuda con el Chile marginado

Ilustración del perfil editorial Camila TorresCamila TorresEdición automatizada bajo responsabilidad de Periodismo2
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La presencia de Ana Tijoux y Pablo Chill-E en Viña 2026 expone la histórica exclusión del rap chileno y plantea un cambio simbólico en el festival.

En la última noche del Festival de Viña 2026, celebrado en la Quinta Vergara, la tarima se llenó de símbolos barriales cuando Pablo Chill-E subió a escena y, en otra instancia de la velada, Ana Tijoux apareció como invitada de Paulo Londra. La jornada dejó en claro que el certamen, que por décadas relegó al rap y al hip hop locales, enfrenta ahora una pulseada entre reconocimiento mediático y reivindicación cultural.

La actuación de Pablo Chill-E, conocido como Shishi Boss y figura clave del trap chileno, repasó un repertorio que reivindica calles, pérdidas y lealtades de las comunas. Su presencia fue celebrada por algunos críticos como una recompensa por años de trayectoria y por otros interpretada como una ocupación simbólica del centro cultural por parte de una generación formada fuera de los circuitos oficiales.

Marcelo Contreras, periodista y crítico de espectáculos, la calificó como "una suerte de recompensa de una trayectoria que ha sido bastante sólida". Ignacio Molina, autor de Historia del trap en Chile y con posgrado en Comunicación y Humanidades en la Universidad Autónoma de Barcelona, fue más tajante: "Lo que se vio no fue integración amable; fue ocupación simbólica del centro por parte de una generación criada en comunas". Esas lecturas resumen la tensión entre la celebración y la representación política que llevó el show.

La aparición de Ana Tijoux, rapera chilena y figura fundamental de la música nacional desde su etapa en Makiza hasta su carrera solista, funcionó como recordatorio: la historia del rap chileno en Viña es parca. Tijoux fue invitada por Paolo Londra, cantante argentino que representa la factura pop del género urbano, y su intervención puso en evidencia que el lugar del rap chileno en el festival ha sido, más que protagonista, ocasional y episódico.

No es la primera vez que voces urbanas pisan la Quinta Vergara: Kidd Voodoo, Polimá Westcoast y Paloma Mami son ejemplos de artistas urbanos que han pasado por el escenario en ediciones previas. Sin embargo, la combinación de Chill-E como show principal y la figura de Tijoux como invitada marca un matiz distinto: no se trata solo de programar un nombre urbano, sino de integrar repertorios y discursos que provienen del Chile marginado y que reivindican identidades negadas.

Queda en el aire la pregunta sobre si esto conformará un nuevo canon en Viña, o si será un gesto puntual ligado a la moda urbana. El festival, históricamente orientado hacia audiencias masivas y formatos consolidados, enfrenta ahora la posibilidad de reconfigurar su canon musical hacia una escena más diversa y políticamente cargada.

Si la inclusión se transforma en política de programación, el gesto tendrá consecuencias: abrirá espacio para que otras narrativas del país, las que provienen de comunas y territorios periféricos, encuentren eco en un escenario masivo; si se queda en un momento aislado, la deuda con el rap chileno y con el Chile marginado seguirá pendiente. La discusión, más allá del aplauso o la controversia de una noche, es sobre qué historias decide legitimar la cultura masiva en Chile.

Fuente original

latercera.com

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