La 56ª Reunión Anual del World Economic Forum, celebrada en Davos, Suiza, puso en el centro del debate global la gestión del agua y la resiliencia hídrica, marcando 2026 como un año de prioridad para este recurso. El foro, que agrupa a gobiernos, empresas y sociedad civil, presentó compromisos e iniciativas orientadas a invertir en infraestructura, agricultura y ciudades para enfrentar la escasez.

En los discursos y documentos del encuentro emergieron datos que buscan traducir la emergencia ambiental en políticas concretas. El Foro relacionó al agua con la estabilidad económica: más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza y de servicios ecosistémicos como el agua. También recordó que 2.200 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura, un número que el foro usó para subrayar la urgencia de pasar de la retórica a la acción.

Margarita Ducci, directora ejecutiva de Pacto Global Chile, iniciativa de la Organización de Naciones Unidas (ONU), firmó un texto en el que celebra el reconocimiento de Davos y advierte que las soluciones no pueden quedarse en reportes. Ella recuerda que en 1999, en ese mismo espacio, nació el Pacto Global de Naciones Unidas, un intento por integrar derechos humanos, trabajo decente y medio ambiente en la agenda empresarial. En Davos 2026 surgieron programas como el Water Resilience Challenge, que busca proyectos aplicables en infraestructura y agricultura y que, según los organizadores, no es filantropía sino resiliencia.

El encuentro también incorporó advertencias del Global Risks Report 2026, informe publicado por el Foro Económico Mundial, que plantea un escenario de mayor incertidumbre global, erosión de la cooperación y pérdida de confianza entre actores. En ese marco, las métricas ESG, sigla en inglés para criterios ambientales, sociales y de gobernanza, fueron criticadas cuando se usan solo como listas de cumplimiento sin cambio estructural. El llamado fue claro: se necesita una mirada sistémica que integre gobernanza, financiamiento y planificación anticipatoria.

¿Por qué esto importa para Chile y América Latina? La región concentra contrastes: zonas de abundancia hídrica junto a territorios con sequías recurrentes y estrés hídrico. Chile, con su agricultura, minería y zonas urbanas que han enfrentado déficit de agua, será sensible a cambios en inversión, tecnología y estándares de gobernanza que impulsen la adaptación. Además, la etiqueta global de «Año del Agua» podría acelerar flujos financieros hacia proyectos de gestión hídrica y abrir espacios para que empresas y autoridades chilenas participen en alianzas internacionales.

La declaración de Davos ofrece un impulso político relevante, pero no garantiza resultados. La clave estará en traducir compromisos en financiamiento sostenido, marcos regulatorios claros y capacidades locales para ejecutar proyectos. Para Chile y la región, el desafío es que esas soluciones no lleguen solo como tecnologías importadas, sino como políticas públicas que restituyan soberanía sobre el recurso y mejoren la equidad en el acceso.

Si Davos fue capaz de convertir una etiqueta simbólica en compromisos operativos, el siguiente paso es medir y exigir resultados. En las próximas semanas y meses habrá que ver cómo se transforman las promesas en inversiones, acuerdos de gobernanza y reformas legales que permitan anticipar y mitigar los impactos de la crisis hídrica global.