La escalada ha dejado de ser una práctica de nicho y se consolida hoy en la Región de Coquimbo, según instructores y escaladores locales que han impulsado tanto los sectores naturales como los espacios indoor desde mediados de la década pasada. La actividad se desarrolla en puntos costeros y en el valle, con accesos que la hacen atractiva para diversos niveles.

En toda la zona hay sectores reconocidos por la calidad de la roca y la variedad de rutas. Entre los más nombrados están La Pampilla, Totoralillo, Punta Teatinos y el Fuerte de Coquimbo en el litoral, además de El Molle, Puclaro y Chacay en el Valle del Elqui; Pichidangui también se ha destacado como destino recurrente para quienes buscan combinar mar y pared.

Roberto Olmos Gormaz, instructor de escalada desde 2015 y ex entrenador de la selección chilena juvenil de escalada, sitúa a la región en un lugar privilegiado del mapa nacional. “Acá en la región es la capital, yo diría, a mi juicio personal y de varios otros escaladores, una de las capitales de Chile de escalada”, dijo Olmos en conversación con Diario El Día. Su mirada combina la experiencia técnica con la observación del crecimiento comunitario en los últimos años.

Olmos explica que la escalada nació como una rama del montañismo, cuando la búsqueda de nuevos desafíos llevó a los deportistas a enfrentarse a la verticalidad más que a la cumbre. “No tiene que ver con subir una montaña, sino con la verticalidad de la roca”, añadió, para subrayar la diferencia entre ambas prácticas y por qué ahora aparecen muros naturales accesibles en zonas cercanas a caminos y localidades.

La oferta no es solo natural. Gimnasios de escalada y espacios indoor han proliferado, permitiendo que principiantes tomen contacto con la disciplina en condiciones controladas y que se desarrolle una base de escaladores que luego exploran exteriores. Ese circuito interior-exterior ha sido clave para democratizar el acceso y sostener la demanda turística deportiva.

La seguridad aparece como un eje recurrente. Olmos advirtió sobre la importancia de la formación y de la experiencia a la hora de salir a roca, y en la versión publicada por Diario El Día la conversación queda registrada con énfasis en la necesidad de acompañamiento técnico y prácticas seguras. En sectores naturales, la falta de señalización, la variabilidad de la roca y la dependencia del clima son retos que escaladores y operadores turísticos mencionan con frecuencia.

Para la identidad regional, la escalada funciona como una forma de apropiación del paisaje. La posibilidad de escalar con el mar al fondo o en las quebradas del Valle del Elqui conecta la práctica deportiva con la geografía y el turismo local, y genera oportunidades para pequeñas empresas de guía, arriendo de equipos y formación técnica.

Quedan desafíos: mejorar la infraestructura de acceso en algunos sectores, fortalecer la formación en seguridad y rescate, y coordinar la gestión de espacios entre municipios, clubes y propietarios de terrenos. Si se logra articular ese ecosistema, la Región de Coquimbo puede consolidarse no solo como un cluster deportivo, sino como un referente regional de turismo de naturaleza y deporte outdoor.

Mientras tanto, la presencia de rutas clásicas y nuevos sectores mantiene en movimiento a la comunidad local. Para quienes llegan por primera vez, la recomendación de los instructores es sencilla y práctica: formarse en espacios indoor, escalar con personas experimentadas y respetar los protocolos en roca para que el crecimiento sea sostenido y seguro.