En los últimos años, corredores de todo el mundo, y también en Chile, han empezado a usar Strava, la aplicación para registrar entrenamientos y rutas por GPS, como una forma de conocer gente tras carreras grupales y encuentros en la calle. El fenómeno dejó de ser anecdótico y según datos de la propia plataforma se consolidó entre las generaciones más jóvenes.
Strava nació para mapear entrenamientos, compartir tiempos y rutas. El GPS, el sistema de posicionamiento global que permite trazar esos recorridos, y las funciones sociales de la app, evolucionaron hacia algo más parecido a una red social deportiva. Los usuarios dejan fotos sudadas, comentarios y dan “kudos”, el equivalente a un “me gusta”, que funcionan como señales sociales menos directas que pedir un teléfono.
La cifra que explica el cambio es simple y contundente: 1 de cada 5 jóvenes de la Generación Z afirma haber tenido una cita con alguien conocido a través de un club de running, según Strava. Además, la creación de nuevos clubes en la plataforma se multiplicó por 3,5 veces, es decir, un aumento del 250% respecto al año anterior. Por otro lado, más del 75% de la Generación Z reporta cansancio con las apps de citas tradicionales, según estudios citados en reportajes sobre la tendencia.
¿Por qué ocurre esto? La explicación mezcla saturación y búsqueda de autenticidad. Aplicaciones como Tinder y Bumble, que usan algoritmos para ordenar perfiles y modelos de suscripción para funciones extra, han generado hartazgo por la dinámica de “juego de números”. En contraste, un encuentro en una carrera o un seguimiento mutuo en Strava luce más verosímil: muestras tu ritmo, tu constancia y tu hábito de vida, no solo una foto o una frase ingeniosa.
La mecánica social es práctica y directa. Tras una carrera grupal, en vez de pedir el teléfono se consulta: “¿Cuál es tu Strava?”. Seguir a alguien en la app mantiene a la persona en tu radar sin la presión de un contacto inmediato. Un comentario o un kudo funcionan como el nuevo super-like, un gesto de interés que puede escalar a mensajes privados o a una invitación a correr juntos.
No todo es romántico: compartir rutas y horarios abre preguntas de privacidad y seguridad. Publicar constantes recorridos puede revelar el punto de salida y, potencialmente, dónde vives. Para quienes usan Strava con fines sociales, conviene revisar la configuración de privacidad y pensar qué se comparte públicamente.
Esta tendencia modifica el mapa de las citas para quienes buscan conexiones más activas y menos centradas en el texto. Para Chile, donde el running urbano y los grupos de entrenamiento han crecido en los últimos años, la pista es clara: los clubes y las actividades compartidas pueden ser tanto una forma de entrenar como un espacio social que reemplaza, en parte, a las apps tradicionales. A futuro, las plataformas podrían incorporar herramientas pensadas para este cruce entre deporte y relaciones, mientras los usuarios deberán equilibrar visibilidad y seguridad.
La anécdota que contó una corredora a la revista Elle, que admitió publicar registros pensando en quién podría verlo, ilustra el cambio cultural: ya no se trata solo de mostrar un logro, sino de ser visto por quien podría corresponder afectivamente.
