El estreno del documental Reality Check: Inside America’s Next Top Model volvió a abrir una caja de resonancias incómodas sobre el programa creado por la modelo y empresaria estadounidense Tyra Banks. En ese contexto, la exconcursante Shandi Sullivan relató que fue agredida sexualmente cuando tenía 21 años, durante la segunda temporada del concurso, mientras el grupo se encontraba en Milán, Italia.
Según el testimonio que aparece en el documental, tras una sesión de fotos con modelos hubo una fiesta en el departamento de éstos. El alcohol y el agotamiento por días sin comer, condiciones que varias participantes describen en el propio filme, provocaron que Sullivan tuviera un “apagón”. Una fuente del relato indica que uno de los modelos la abusó mientras estaba inconsciente y que la producción, dirigida por el productor y director Ken Mok, registró en cámara escenas que incluían besos en el jacuzzi y cuando la llevaron a la cama.
Lo que siguió, según la versión de Sullivan, fue parte de la maquinaria del reality. Producción le habría pedido al día siguiente que llamara a su entonces pareja, Eric, y que admitiera una infidelidad. Humillada frente a cámaras, y sin memoria de lo ocurrido, recibió insultos del hombre y la relación terminó. Más tarde, al ver las imágenes emitidas en televisión, pudo reconstruir los hechos y concluir que había sido víctima de una agresión.
El testimonio desató repudio público tras el estreno del documental. Tyra Banks afirmó no haber estado al tanto de la agresión, según consignan las piezas sobre el estreno. Sullivan, por su parte, se mostró crítica con Banks y con Ken Mok a través de sus redes sociales. No está claro, y el documental no lo especifica, si se han presentado denuncias penales formales ni si existe una investigación abierta sobre los hechos narrados.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa preguntas sobre ética, responsabilidad y asimetrías de poder en los reality shows. La industria televisiva ha sido señalada en diversas regiones, incluidos países de Latinoamérica, por prácticas de montaje y explotación de conflictos para aumentar el rating. En Chile, como hemos cubierto en artículos sobre formatos locales, realities como Mundos opuestos también han provocado debates públicos sobre manipulación editorial y responsabilidad de las productoras.
Desde la perspectiva de las víctimas, el relato de Sullivan muestra cómo la edición y la presión de producción pueden transformar una agresión en una narrativa que culpa a la víctima. Para quien sufre violencia sexual en Chile, las vías formales son la Fiscalía de Chile, donde se pueden presentar denuncias penales, y el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, que ofrece orientación y programas de apoyo. También existen organizaciones de la sociedad civil que brindan acompañamiento legal y psicosocial.
Más allá de un caso puntual, el episodio obliga a revisar protocolos mínimos en rodajes: cómo se protege a personas jóvenes y vulnerables, qué criterios rigen la filmación de situaciones íntimas, y cuáles son las obligaciones de una producción que registra agresiones. La discusión no es solo sobre una cámara que lo captó todo, sino sobre quién tuvo el poder de convertir ese registro en espectáculo, y sobre cómo los medios y las audiencias responden cuando la verdad aparece en pantalla.

