Claudio Alvarado, futuro ministro del Interior y militante de la Unión Demócrata Independiente (UDI), realizó una ronda de llamadas ante el giro de fuerzas que alinea a la izquierda y sectores de la centroizquierda con Pamela Jiles, diputada del Partido de la Gente (PDG). Las gestiones buscaron medir apoyos y evitar una sorpresa en la votación interna de la Cámara de Diputados.

Una de las conversaciones fue con René Alinco, diputado independiente, quien informó que no apoyará a la carta que presente la derecha. Alinco dijo —según versiones parlamentarias— que la agenda impulsada para favorecer a exmilitares condenados en Punta Peuco reabrió sensibilidades y hace imposible un pacto con quienes promueven esos proyectos.

Alvarado también habló con los negociadores del futuro oficialismo, liderados por José Miguel Castro, actual presidente de la Cámara y diputado de Renovación Nacional (RN), que hasta ayer confiaban en retener el control gracias a descolgados de la centroizquierda. En los cálculos del oficialismo pesan los números: la coalición que apoyó a Kast logró elegir 76 diputados, quedando a dos votos de la mayoría absoluta.

La futura oposición, que agrupa al Partido Socialista (PS), Partido por la Democracia (PPD), Frente Amplio, Partido Liberal, Democracia Cristiana (DC) y Partido Comunista (PC), selló un acuerdo con el PDG. En teoría, ese pacto sumaría 79 votos para elegir la presidencia y las vicepresidencias de la Cámara a partir del 11 de marzo. En la práctica, la votación estará en manos de un grupo de cinco diputados de la Democracia Cristiana, cuyo posicionamiento será dirimente.

Si Pamela Jiles logra la presidencia de la Cámara, sería la primera derrota legislativa relevante para la oficina del presidente electo José Antonio Kast antes de asumir. El control de la mesa no es solo simbólico: define la agenda, la distribución de comisiones y la capacidad de aprobar o bloquear iniciativas clave. Para la ciudadanía, significa que proyectos polémicos como los vinculados a Punta Peuco podrían enfrentar debates más intensos y una mayor polarización política.

Mañana se realizará la votación que definirá la mesa directiva, y los cargos formalmente asumirán el 11 de marzo. El resultado marcará el primer gran desafío para la gobernabilidad del próximo gobierno y adelantará quiénes ganan y quiénes pierden fuerza en el Congreso durante el inicio del mandato.