La obertura del Festival de Viña 2026, celebrada anoche en la Quinta Vergara, arrancó con la interpretación de «El tiempo en las bastillas» por el joven cantante chileno Nico Ruiz, poniendo en primer plano una canción que forma parte de la memoria misma del certamen. Nico Ruiz, conocido por su paso por The Voice Chile y Got Talent Chile y por moverse entre el jazz y el pop, abrió así una noche que miró hacia su pasado más emblemático.

La pieza es la firma de Fernando Ubiergo, cantautor chileno que con esa canción ganó la Competencia Internacional 1978 y alcanzó un salto masivo en su carrera. En la entrevista con Culto, Ubiergo reconstruyó aquella noche: recordó las estrellas sobre el bosque que corona la Quinta Vergara y la intensidad del público, y dijo que aquello fue, en sus palabras, "un tema mágico y cambió mi vida". Para él, la victoria en 1978 fue un trampolín que marcó un antes y un después en su trayectoria artística.

Ubiergo, cuya obra hoy se inscribe entre los pilares del cancionero chileno, contó que llevaba años enviando canciones a festivales antes de ese triunfo y que la experiencia de 1978 quedó como «un episodio de emoción colectiva e íntima a la vez». Su relato pone en perspectiva cómo un festival puede transformar no solo una carrera individual, sino también la manera en que una canción se inserta en la memoria cultural del país.

La decisión artística de abrir Viña 2026 con este tema funciona como homenaje y como recordatorio de la continuidad entre generaciones: un joven intérprete de la escena televisiva y los circuitos emergentes recupera una canción que en su momento unificó audiencias y medios. Según Ubiergo, la intensidad de aquella noche se mantiene como una experiencia definitoria, y la elección en la obertura reafirma el lugar de la canción dentro del repertorio colectivo.

Más allá del gesto nostálgico, la relectura por parte de Nico Ruiz puso en evidencia la vitalidad contemporánea de la composición, su capacidad de traducirse a otras voces y estilos sin perder su núcleo emotivo. Para el público chileno, la pieza no es solo un clásico, es un espejo de las transformaciones de la canción popular y del propio Festival de Viña, que sigue repensando su historia en cada edición.

La noche siguió con el programa previsto, pero la obertura quedó como un momento de convergencia entre pasado y presente: la canción que en 1978 lanzó a Fernando Ubiergo al primer plano volvió a resonar en la Quinta Vergara y, según el propio autor, reafirmó aquella sensación de haber vivido algo inolvidable. Queda por ver si en esta edición el homenaje impulsará nuevas lecturas de su obra en la programación musical y en los públicos más jóvenes.