Esta mañana la Sagrada Familia de Barcelona instaló la pieza final que corona la torre de Jesús, elevando el templo a 172,5 metros, la altura máxima prevista. La operación empezó alrededor de las 9.00, la pieza fue izada a las 10.38 y antes de las 11.00 ya estaba en lo alto, mientras operarios trabajaban para fijarla.
La pieza superior, el brazo superior de la cruz, pesa más de 12 toneladas, mide 17 metros de alto y 13 de ancho, y fue colocada tras semanas de preparativos. Permaneció en una cubierta a 35 metros de altura para los últimos retoques, donde se trabajó su estructura metálica interior y los cristales de sus aperturas. El gruista José Encina manejó la maniobra desde una cabina a 140 metros, con una pluma que puede alcanzar 200 metros desplegada. En la cima aguardaban escaladores y un equipo de unas 150 personas coordinado por el maestro de obras Jaume Oromí, según el relato de los responsables de la junta constructora.
La maniobra había sido aplazada por un vendaval la semana pasada, y hoy se realizó con la tregua del viento, con visitantes en el interior y en el exterior del templo. La junta constructora retransmitió la operación en directo en sus perfiles de TikTok, YouTube e Instagram, ofreciendo planos con dron que pudieron verse también desde la calle. Aún quedan tareas por delante, como retirar andamios y terminar el interior, antes de la inauguración prevista para el 10 de junio, fecha que coincide con el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí.
La basílica ha planteado la posibilidad de una visita papal para el aniversario, pero el Vaticano no ha confirmado asistencia. En algunos comunicados se ha mencionado una referencia a "papa León XIV", una mención que no cuadra con los pontífices históricos; por ahora, la presencia papal sigue siendo una invitación no confirmada.
Contexto cultural y simbólico: la culminación de la torre de Jesús marca un hito visible en la extensa historia de la obra iniciada en 1882. Antoni Gaudí, arquitecto catalán y figura central del modernismo, soñó una basílica donde la naturaleza y la geometría se fundieran en piedra y color. La colocación de esta pieza no es solo un acto técnico, es la materialización de más de un siglo de trabajo, debates y reinterpretaciones sobre cómo completar una obra inacabada sin traicionar su espíritu.
La operación vuelve a poner sobre la mesa discusiones que han acompañado al proyecto durante décadas, sobre autoría, restauración y el uso de técnicas contemporáneas para rematar un proyecto decimonónico. Para Barcelona y para el turismo cultural europeo, este cierre simbólico del proceso proyecta una nueva silueta urbana y renueva el flujo de visitantes hacia el barrio del Eixample.
Qué significa para quienes vivimos en Chile: además del interés arquitectónico, la culminación fortalece la ruta turística gaudiniana en Barcelona, que muchos chilenos visitan cada año. Para quienes planeen un viaje, conviene comprar entradas con antelación en la web oficial, optar por primeras horas de la mañana para evitar aglomeraciones y combinar la visita con otros hitos de Gaudí, como el Park Güell, la Casa Batlló y la Casa Milà. También es buena idea revisar con la embajada o consulados las condiciones de viaje y las posibilidades de visitas guiadas en español.
La imagen de la cruz elevándose sobre la ciudad es, en lo inmediato, una postal nueva de Barcelona. En lo profundo, concluye una etapa de una obra que para muchos funciona como espejo: habla del tiempo, de la memoria colectiva, y de cómo las comunidades deciden terminar lo que sus antecesores comenzaron.
