Mikaela Vázquez, violinista nacida en Vitoria, España, de 32 años, atraviesa una trayectoria marcada por la ruptura con la exigencia clásica y un regreso creativo que la ha llevado a colaborar con nombres de la escena alternativa, como Judeline, Ralphie Choo y Guitarricadelafuente. En 2019 decidió dar un paso al costado: dejó de tocar por una lesión y por el agotamiento físico y emocional que le generaba la búsqueda de la perfección.

En su formación asoman dos hitos: los años en Musikene, el Conservatorio Superior de Música del País Vasco, donde cursó el grado superior especial de Violín, y una etapa de clases particulares en Berlín con Stephan Picard en la academia Hochschule für Musik Hanns Eisler. Esos años, combinados con la presión del sistema académico, la llevaron a un punto de colapso. "Lo dejé sin calcular. Tenía el corazón totalmente roto, una lesión en el hombro izquierdo y el cuerpo afectado por la exigencia", recuerda desde el estudio de grabación madrileño Patio de Manzana.

La pausa, que incluyó casi un año sin tocar, la llevó a Ámsterdam, y a una decisión simbólica junto al estuche: "Sentía que debía despedirme de él, honrarlo por todo el aprendizaje adquirido y soltarlo". Lo que pudo ser un adiós se volvió una reiniciación. De regreso, prometió tocar solo aquello que la hiciera sentir bien, y esa promesa cambió su relación con el violín y con la música en general.

Hoy se mueve como instrumentista, compositora y directora musical, roles poco frecuentes para mujeres en la industria española. Su nombre aparece junto a proyectos pop, urbano y alternativo, y también en contextos de jazz; por ejemplo se sumó al Noordpool Orkest de Groningen para una actuación con el cantante estadounidense de jazz José James en el North Sea Jazz Festival, en julio de 2019 en Róterdam, Países Bajos. Esa versatilidad, desde el conservatorio hasta el estudio y el festival, explica por qué su figura interesa al público joven: rompe la idea de que la formación clásica es una cárcel estética, y en su lugar la convierte en recurso para géneros contemporáneos.

Colaborar con artistas que circulan entre audiencias jóvenes de España y Latinoamérica, como Judeline, Ralphie Choo y Guitarricadelafuente, le ha permitido aplicar la técnica clásica en arreglos, dirección y producción, sin renunciar al bienestar creativo que se impuso tras su pausa. Su experiencia interroga la narrativa romántica del sufrimiento como motor creativo y la sustituye por una ética de trabajo sostenible, algo que resuena entre músicos emergentes chilenos y latinoamericanos que buscan cuidar su salud mental sin abandonar la ambición artística.

El recorrido de Vázquez funciona como ejemplo: muestra que abandonar momentáneamente una trayectoria no es renuncia definitiva, sino posibilidad de reescritura profesional. Sigue hoy activa en estudios y escenarios, alternando papeles de intérprete y directora, y su camino abre preguntas sobre cómo formar y retener talento femenino en la música contemporánea hispana.