El Ministerio de Educación y la Agencia de Calidad de la Educación publicaron los resultados del SIMCE 2025, que reabren la discusión sobre el estado de la alfabetización y la comprensión lectora en el sistema escolar chileno. En paralelo, el Censo 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas entregó proyecciones que siguen mostrando brechas persistentes en alfabetización básica.
Los datos combinados ponen en evidencia dos problemas distintos pero relacionados. Según el Censo 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), hay más de 405.000 personas en Chile que no saben leer ni escribir, de las cuales unos 81.000 son menores en edad escolar (INE, Censo 2024). Esas cifras corresponden al analfabetismo funcional o absoluto, es decir, personas que no han adquirido la lectoescritura básica.
Por su parte, el SIMCE 2025, el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación administrado por la Agencia de Calidad de la Educación, muestra que la capacidad de comprender textos se deteriora a medida que los estudiantes avanzan: en cuarto básico el 27% de los alumnos está en nivel "insuficiente", la cifra sube al 42% en octavo básico y alcanza 48% en segundo medio (SIMCE 2025, Agencia de Calidad de la Educación). El nivel "insuficiente" se refiere a desempeño por debajo de lo esperado para el grado, lo que dificulta el aprendizaje de contenidos más complejos.
Estas cifras no son intercambiables. Analfabetismo implica no poder leer ni escribir de forma elemental; las dificultades de comprensión lectora afectan a estudiantes que pueden decodificar palabras, pero no extraen ni relacionan información, inferencias y argumentos, habilidades claves para la educación media y el mundo del trabajo.
El exministro de Educación Marco Antonio Ávila, quien ocupó el cargo en Chile entre 2022 y 2023, afirmó que "sigue siendo un desafío para que muchas de estas personas puedan acceder a un empleo, al mundo del trabajo, y finalmente también a una realización personal", subrayando el impacto social y laboral del problema. Carmen Gloria Garrido, directora del Laboratorio de Aprendizaje de la Universidad Andrés Bello, explicó que "gran parte de este problema se explica por desigualdades sociales, territoriales", y vinculó las mayores tasas de analfabetismo y bajo rendimiento con pobreza y aislamiento geográfico.
A nivel regional, la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, registra que alrededor del 44,3% de estudiantes de tercer grado en Latinoamérica y el Caribe se sitúan en el nivel más bajo de lectura, lo que ubica a Chile dentro de una tendencia más amplia y compleja que exige cooperación internacional y compartición de prácticas.
Frente a ese panorama, Chile ha comenzado a coordinar esfuerzos con otros países. El gobierno participó recientemente en el encuentro "Alfabetización, Equidad y Futuro" en Brasil, buscando una red latinoamericana para asegurar que los niños aprendan a leer y a comprender antes de finalizar la enseñanza básica. Es una iniciativa incipiente que requiere que se traduzca en programas concretos, recursos y monitoreo permanente.
La conclusión es clara: las políticas deben diferenciar intervenciones para quienes no saben leer desde cero, de las estrategias para mejorar la comprensión lectora en niveles superiores. Las medidas implican más horas de lectura guiada, formación docente focalizada, materiales adecuados y atención a las desigualdades territoriales. El desafío para las autoridades es convertir los diagnósticos oficiales en acciones escalables que cierren brechas antes de que se profundicen en la educación media y el mundo laboral.
