Quedan siete días para que el nuevo Presidente asuma en la ceremonia ante el Congreso Pleno en Valparaíso, y las negociaciones por las testeras y las comisiones en la Cámara de Diputados y en el Senado siguen sin resolverse.
La conformación de las mesas se complica especialmente en la Cámara Baja, donde la fragmentación parlamentaria es mayor: al periodo legislativo 2022-2026 llegaron 23 partidos políticos más varios independientes, muchos de ellos actuando como factores decisivos al negociar cupos en comisiones y la presidencia de la corporación. En el Senado la situación es menos tensa, con 50 parlamentarios en total y menos agrupaciones, lo que facilita acuerdos relativos.
En la centroizquierda hay optimismo por avanzar hacia un acuerdo amplio que incorpore a la Democracia Cristiana, al Partido de la Gente y a otras colectividades. Héctor Barría, jefe de la bancada de la Democracia Cristiana y diputado chileno, dijo que las negociaciones "están bastante avanzadas", y señaló que la lógica que impera es la de repartir espacios con equidad para no perder quórums.
Esa lógica se traduce en advertencias al Partido Socialista, la bancada más numerosa de la exConcertación, sobre la necesidad de ceder protagonismo a partidos menores para alcanzar consenso. El Partido Republicano, por su parte, había expresado su interés en acuerdos transversales, pero en la práctica las conversaciones han encontrado resistencias cruzadas.
El informe original alude además a "últimos hechos" que han tensionado el ambiente político sin especificar cuáles son; la fuente no detalla esos sucesos, por lo que su alcance y efecto exacto en las negociaciones permanece incierto.
Más allá de los nombres y las contabilidades, lo que está en juego es la capacidad del próximo gobierno para impulsar su agenda en el Congreso. Mesas y comisiones definidas de forma fragmentada suelen traducirse en mayor negociación legislativa y en retrasos para aprobar proyectos clave, un problema que en la región ha mostrado su impacto en la gobernabilidad en países como Perú y Brasil.
La próxima semana será decisiva: las bancadas deben cerrar los acuerdos formales antes del cambio de mando, o enfrentar desde el primer día un Congreso con mayor disputa por la conducción de la agenda parlamentaria y por la asignación de presidencias de comisiones. Para los mercados y actores internacionales, la capacidad de sellar pactos será un indicador temprano de estabilidad política en Chile tras el traspaso de mando.
