Empresas e inversores chinos han acelerado su presencia en infraestructura clave de Perú, lo que, según consultores y agentes del mercado, convierte al país en una opción viable para un cable submarino directo entre China y Latinoamérica si el proyecto vinculado a Valparaíso y Hong Kong no prospera en Chile.

En el litoral peruano, el Puerto de Chancay es el ejemplo más visible: en noviembre de 2024 la china COSCO Shipping Ports inauguró un megapuerto a 80 kilómetros al norte de Lima, con una inversión inicial de US$ 1.300 millones y planes de expansión. Al mismo tiempo, en el sector eléctrico hubo movimientos relevantes: Enel, la compañía italiana de energía, vendió en 2023 activos en Perú a China Southern Power Grid International por US$ 2.900 millones, y la presencia de China Yangtze Power en la distribuidora Luz del Sur completó una concentración de control de la red de Lima.

Esa base de inversiones se suma a la infraestructura terrestre que Perú promueve, conocida como la Red Dorsal, que conecta la cordillera andina con Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia y Chile. Esa malla continental es atractiva para un cable que busque no sólo arrancar en la costa, sino articular rutas dentro del continente.

Perú cuenta hoy con cuatro cables submarinos, todos aterrizando en Lurín, al sur de Lima: PAN-AM (1999), SAC (2000), SAm-1 (2001) y Mistral (2021). Todos esos cables desembocan en Estados Unidos, por lo que cualquier tráfico entre Perú y Asia suele pasar primero por territorio estadounidense. Un enlace directo a China rompería esa dependencia y diversificaría rutas.

Todos los cables submarinos que tiene Perú hoy desembocan en EEUU. Y siempre es mejor diversificar,” dice Virginia Nakagawa, consultora regulatoria en Kaiteki Regulación y exviceministra de Comunicaciones de Perú, quien añade que un cable directo a Asia profundiza la llamada neutralidad tecnológica que el país ha prometido a inversionistas.

El escenario geopolítico es la clave. La controversia diplomática entre el Gobierno de Chile y la administración del expresidente de Estados Unidos Donald Trump por un proyecto de cable desde Valparaíso a Hong Kong puso en evidencia cómo las tensiones entre Washington y Beijing pueden influir en decisiones sobre infraestructura digital. Si Chile opta por posturas que alejen ese proyecto, inversores y Beijing podrían mirar a Lima como alternativa menos conflictiva.

Reacciones oficiales en Perú han sido pragmáticas; el gobierno está en proceso de licitar la operación de la Red Dorsal, aunque los detalles de esa licitación y los plazos aún no están claros públicamente. En la práctica, actores privados chinos ya actúan en puertos y energía, lo que facilita logística y permisos para proyectos complementarios como el tendido de fibra o el enlace de cables.

Para Chile, la posible migración del proyecto tiene implicaciones concretas: competencia por tráfico internacional de datos, pérdida potencial de inversiones portuarias y una reconfiguración de la influencia en la infraestructura digital regional. Para América Latina, una ruta directa entre China y la costa pacífica sudamericana refuerza la multipolaridad en comunicaciones y reduce la dependencia unilateral de rutas que pasan por Estados Unidos.

El próximo paso a seguir será la definición en Chile sobre el proyecto de Valparaíso-Hong Kong y la concreción de la licitación de la Red Dorsal en Perú. Si Lima avanza con rapidez, la región podría ver en los próximos años un reordenamiento de hubs digitales y marítimos que alterará flujos comerciales y estratégicos en la costa oeste de Sudamérica.