El ataque militar lanzado este sábado por Estados Unidos y Israel contra objetivos en Irán abrió un nuevo capítulo de incertidumbre geopolítica que ya se refleja en los mercados financieros, especialmente en el precio del petróleo y en la aversión al riesgo de los inversionistas. Según reportes iniciales, algunas fuentes señalan que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, habría muerto, pero esa información no ha sido confirmada de forma independiente y permanece en disputa.

La magnitud del conflicto reside en que Irán gobierna una región estratégica para el suministro energético mundial. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo que se consume en el planeta, está en el centro del riesgo logístico y de suministro, y los reportes sobre cierres temporales de rutas o aeropuertos en Oriente Medio, incluidos avisos sobre el aeropuerto de Dubái en Emiratos Árabes Unidos, han agravado la sensación de caos en el tráfico aéreo y el comercio global.

La reacción inmediata fue la que muchos esperaban: los mercados bursátiles registraron ventas y las cotizaciones del crudo subieron con fuerza. Wall Street cerró en rojo en la última sesión y el índice Dow Jones cayó 0,54%, mientras que los precios del petróleo se dispararon, un movimiento que en Chile se sigue con atención por su efecto sobre la inflación y los costos de energía.

Los inversionistas, incluidos actores chileno, evaluarán esta semana la capacidad de respuesta de Irán y de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, y ante la duda es probable que opten por vender activos de mayor riesgo. Ese comportamiento tensiona un clima que hasta hace poco se apoyaba en expectativas de inflación contenida y tipos de interés moderados. Si el conflicto se prolongara, podría reavivar presiones inflacionarias globales y complicar la hoja de ruta del Banco Central de Chile respecto a la política monetaria.

Más allá de las cifras, lo que tensiona al mercado es la combinación de daño real a infraestructuras, la posible venganza por parte de Teherán y la interrupción de líneas logísticas claves. Para los consumidores chilenos, un petróleo sostenidamente más caro implicaría mayor presión sobre combustibles, transporte y costos de importación. Para las empresas y los fondos, la consigna será medir exposición, cortar posiciones vulnerables y buscar refugio en activos considerados seguros.

En las próximas horas y días los ojos estarán puestos en comunicados oficiales y en la confirmación de las informaciones más sensibles, como el destino del liderazgo iraní y la escala de daños en la región. Hasta entonces, los mercados operarán con un grado de incertidumbre más alto, y la economía chilena deberá monitorear de cerca la evolución del petróleo y la reacción de los mercados globales.