Turner & Townsend, la consultora global de construcción, publicó su informe Global Construction Market Intelligence 2025 y, junto con señales de mayor interés de la consultora inmobiliaria CBRE, dibuja un nuevo ciclo de inversión en Chile centrado en minería, infraestructura y real estate industrial especializado. El informe se refiere específicamente al mercado de Santiago y fue difundido en 2025.
El documento muestra que el costo promedio de construcción en Santiago alcanza US$1.899 por metro cuadrado, una cifra que sigue estando muy por debajo de mercados como Nueva York, con US$5.744/m², y San Francisco, con US$5.504/m². Esa diferencia de precios es la principal razón por la cual inversionistas internacionales siguen mirando a Chile, incluso cuando el comercio global enfrenta volatilidad.
El informe advierte además que la inflación de costos en el sector de la construcción en Santiago podría acelerarse hasta 4,0% hacia inicios de 2026. El gobierno proyecta que la inflación nacional convergerá hacia 3,0% a comienzos de 2026, en línea con el objetivo del Banco Central de Chile. El propio informe no entrega un dato previo de inflación sectorial para el periodo anterior, por lo que no es posible calcular aquí la variación puntual; ante esa ausencia, conviene vigilar los próximos reportes y las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas para comparar tendencias.
Turner & Townsend explica que la mayor demanda viene de la expansión de plantas de procesamiento y de infraestructura vinculada a la minería, y al auge de minerales estratégicos como el cobre y el litio. "El actual contexto de competencia global por minerales estratégicos está teniendo un impacto directo en mercados como Chile", señala el análisis, en referencia al empuje sobre la demanda por real estate industrial y proyectos de capital especializados.
Más allá de la presión por demanda, la industria chilena enfrenta retos estructurales: bajos niveles de productividad, falta de coordinación entre diseño, construcción y operación, y modelos de contratación todavía anclados en prácticas tradicionales. En lenguaje llano, eso equivale a que proyectos que podrían optimizarse siguen perdiendo tiempo y dinero por problemas de comunicación y por diseños que no consideran la operación futura.
¿Qué implica esto para el usuario y para el mercado chileno? Para inversionistas extranjeros, los costos relativos siguen siendo atractivos y pueden justificar flujos de capital hacia parques industriales, logística y proyectos mineros. Para las empresas constructoras locales y los desarrolladores, el desafío será absorber esa demanda sin que se traduzca en plazos más largos o incrementos de precio para el consumidor final. Para el sector público, la lección es que mejorar permisos, coordinación público-privada y modelos contractuales más colaborativos será clave para convertir el interés extranjero en proyectos que realmente sumen valor para Chile.
CBRE, como consultora inmobiliaria global, ha mostrado mayor actividad en la región en el último tiempo, aunque el texto entregado no detalla anuncios específicos de la firma; en todo caso, la conjunción de análisis técnicos y mayor presencia de consultoras sugiere más competencia por suelo, por servicios de ingeniería y por logística especializada.
La perspectiva es clara: la ventaja de costos posiciona a Chile como destino, pero la materialización de esa oportunidad depende de mejoras en productividad, marcos regulatorios y coordinación entre el Estado y el sector privado. En los próximos meses hay que mirar tres señales concretas: las cifras oficiales de inflación sectorial y general, anuncios formales de inversión por parte de CBRE y otros actores, y cambios en tiempos de permisos y en modelos de contratación que permitan bajar costos y acelerar proyectos.
