Este martes en Santiago, durante el XX Seminario Mercados Globales de Larraín Vial, Andrés Trivelli, gerente general de Larraín Vial desde el 2 de enero, habló por primera vez en su nuevo cargo sobre la contingencia política nacional y la relación de Latinoamérica con Estados Unidos. Explicó la ausencia del presidente de la compañía, Fernando Larraín, por un accidente en mountain bike que le provocó la fractura de tres costillas, y repasó su lectura del escenario económico regional.

Trivelli, ejecutivo chileno que asumió en reemplazo de Juan Luis Correa, dijo que observa un cambio de énfasis desde el hemisferio norte hacia América Latina. "Hoy, después de más de 40 años, vemos finalmente que los Estados Unidos vuelven a poner su atención en la región", declaró, y añadió que en Larraín Vial estiman que ese nuevo enfoque tendrá un balance positivo para los mercados locales.

En su intervención defendió de forma contundente los beneficios atribuidos al modelo capitalista. "Los hechos son contundentes: el capitalismo ha sido el mayor motor de mejora en la vida de millones de latinoamericanos", afirmó, y advirtió contra quienes —en su opinión— subestiman esos avances por razones ideológicas. También señaló su esperanza ante el próximo giro político en Chile, al decir que se observa un avance de las ideas que favorecen el auge empresarial y un retroceso de las que impulsan el crecimiento del Estado y del socialismo.

El seminario contó con la participación del académico e investigador Sebastián Claro y del doctor en ciencia política Daniel Mansuy, entre otros representantes del mundo académico y financiero. Larraín Vial es una firma chilena de servicios financieros y su rama de gestión de fondos, LarrainVial Asset Management, administra inversiones para fondos y clientes institucionales, función que influye en la opinión pública del sector bancario y de capitales.

¿Qué implica este discurso para Chile y para la discusión pública? Si las ideas que promueven el sector privado ganan tracción en el debate, es probable que aumente la presión por políticas pro inversión privada, menor regulación empresarial y cambios en la asignación del gasto público. En términos prácticos, para un inversionista o una empresa esto puede traducirse en expectativas de menor carga regulatoria y en más oportunidades de financiamiento, mientras que para la ciudadanía abre la discusión sobre el balance entre crecimiento y protección social.

En la Bolsa y en los mercados, este tipo de señales no actúan como un interruptor automático. Son más bien como la semaforización de una avenida: si la política confirma el cambio, el flujo de capitales puede aumentar; si no, la expectativa se desvanece. Queda por ver cómo los equipos de gobierno y los reguladores traducirán estas ideas en medidas concretas, y qué respuesta tendrá la opinión pública ante un eventual reajuste del rol del Estado en áreas como salud, educación y pensiones.

El evento sirvió para marcar posiciones y para que actores del mercado sepan cuál es la lectura de una de las principales corredoras chilenas. El próximo paso será observar decisiones concretas del nuevo gobierno y señales regulatorias, que dirán si estas ideas se quedan en retórica o llegan a políticas que afecten la economía real y el bolsillo de los chilenos.