Laurent Vargas, una mujer colombiana que vive en Madrid desde hace tres años, publicó un video en TikTok en el que asegura haber encontrado diferencias culturales muy marcadas entre la vida en España y la de su país de origen. Sus observaciones, dice, nacen de experiencias propias tras haber vivido en Santa Marta, Medellín, Bogotá y Cartagena, y luego en Granada y Madrid.

El primer choque que relata ocurrió en el colegio de sus hijos. Le llamó la atención ver a muchos padres, en particular hombres, acompañando solos a los niños, una escena que describió como "increíble, lindo, admirable". En su relato añadió que, aunque en Colombia también se ve a veces, no es algo tan habitual. Esa primera jornada la llevó a notar otra diferencia: la urgencia de muchas madres colombianas por tomarse fotografías con los hijos el primer día de clases, un gesto cargado de significado afectivo y social que, según ella, en España no tiene la misma centralidad.

La celebración infantil también aparece como un termómetro cultural. Vargas cuenta que en Colombia la fiesta de cumpleaños suele convertirse en una muestra de esfuerzo y decoración, donde "todo lo que se puede hacer y que esté a tu alcance, nunca es suficiente", y donde la estética ocupa un lugar central. En Madrid, en cambio, describe fiestas más orientadas a la diversión y al espacio alquilado, con la decoración en un rol secundario y la prioridad puesta en que los niños se entretengan.

En lo gastronómico, la percepción es otra división: mientras en Colombia, dice, las reuniones tienden a enfocarse en lo dulce, en España prevalece el picoteo, la mesa compartida con sabores salados y platos para pasar el rato. Vargas atribuye parte de estas diferencias a hábitos sociales distintos, pero también a la sensación de seguridad. En su video pronunció la frase "En mi país no se puede hacer porque te van a robar", para explicar por qué algunos gestos o libertades que observa en España le parecen imposibles en ciertas ciudades colombianas. Ella no especificó en el clip a qué acción concreta se refería cuando pronunció esa advertencia.

Las impresiones de Vargas se inscriben en debates más amplios: los roles parentales, el consumo ritualizado en la infancia y la percepción de seguridad son temas que atraviesan a muchas sociedades de América Latina. Para un lector chileno, estas observaciones resonarán con discusiones locales sobre la participación paterna en la crianza, los costos crecientes de las celebraciones infantiles y las desigualdades en la confianza pública entre comunas y regiones.

Vargas cierra insistiendo en que habla desde su experiencia personal y de distintas ciudades, no desde datos estadísticos. Sus relatos funcionan como espejo: muestran cómo pequeñas escenas cotidianas, desde la puerta del cole hasta la mesa de un cumpleaños, condensan cambios sociales, expectativas de clase y miedos urbanos que acompañan a la migración y a la adaptación cultural. Su video suma una voz más a la conversación sobre qué se gana y qué se deja al cruzar el charco.