En una mañana soleada en Río de Janeiro, Alejandro Tabilo, tenista chileno, se impuso con autoridad en las semifinales del torneo ATP 500, derrotando al peruano Ignacio Buse por 6-3 y 6-3. El zurdo controló los tiempos con su primer servicio y con devoluciones agresivas, y con ese triunfo avanzó a su primera final en un torneo de categoría ATP 500.

El partido tuvo altibajos tempranos: Buse, que llegaba encendido tras vencer al brasileño João Fonseca, ídolo local, y al italiano Matteo Berrettini, consiguió el primer quiebre en el tercer juego, pero Tabilo respondió de inmediato y recuperó la ventaja. A medida que el set avanzó, el chileno impuso su juego profundo y encontró premio con un revés paralelo que le permitió consolidar la ruptura en el sexto game.

En el segundo set, la presión cambió la dinámica del peruano. Ignacio Buse, tenista peruano y una de las grandes promesas del circuito sudamericano, comenzó a perder precisión, sobre todo con el revés y en el porcentaje de primeros saques, y Tabilo se aprovechó de la situación para cerrar el partido sin mayores sobresaltos. El público carioca se volcó mayoritariamente hacia Buse, pero la experiencia y la frialdad del chileno marcaron la diferencia.

Este triunfo no es solo un paso en Río, también se traduce en una mejora sustantiva en el escalafón: Tabilo, que llegó al torneo como 68.º del mundo, dará el salto hasta el puesto 42 del ranking ATP, la Asociación de Tenistas Profesionales. Para el tenis chileno supone la aparición de una nueva narrativa, que sigue la estela de lo que logró Christian Garin, tenista chileno que ganó este mismo torneo en 2020.

Tabilo, pupilo de Germán Gaich, mostró variedad de recursos y madurez competitiva frente a un rival en ascenso. Desde la cancha se percibió ese contraste entre lo fresco de la promesa y la solidez del jugador que ya lleva varias temporadas disputando torneos del circuito mayor. A partir de las 17:00 local, Tabilo se medirá con el ganador del partido entre el argentino Tomás Etcheverry y su rival, en un cruce cuyo resultado se definiría más tarde.

Más allá del trofeo que ahora asoma, la jornada en Río sirve para leer el momento del tenis chileno. La final de un ATP 500 coloca a Tabilo en una vidriera mayor, con la posibilidad concreta de igualar gestas recientes y de consolidarse como alternativa para una selección que busca continuidad y referentes. Lo que viene es una final inédita para él, y una prueba para medir cuánto puede estirar ese ascenso en la jerarquía mundial.