En la Casa Blanca, este lunes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió la operación militar lanzada el sábado contra Irán como la "última y mejor oportunidad" para frenar el desarrollo del programa de misiles de Teherán. Trump dijo que la acción busca eliminar lo que calificó de "amenazas intolerables" contra tropas y territorio estadounidense.
El mandatario aseguró que Irán ya poseía misiles capaces de alcanzar Europa y bases militares extranjeras, y que pronto podría tener alcance hacia territorio estadounidense. Según Trump, los objetivos son claros: destruir las capacidades de misiles, impedir la producción continua de armamento, inutilizar parte de la Armada iraní —mencionó la neutralización de alrededor de diez buques— y evitar que Teherán consiga un arma nuclear.
El presidente también afirmó que la operación, denominada "Furia Épica" en comunicados oficiales, acabó con la vida del líder supremo, Alí Jameneí. Esa declaración fue repetida por la Casa Blanca, pero no existe una verificación independiente pública sobre la muerte de Jameneí al momento del anuncio, según las fuentes disponibles. En la rueda de prensa intervino Pete Hegseth, comentarista político estadounidense que habló en representación de funcionarios, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, dijo que las operaciones están en su fase inicial.
Trump añadió que, aunque la estimación inicial proyectaba una duración entre cuatro y cinco semanas, la campaña tiene capacidad para prolongarse más allá de ese plazo. La Casa Blanca presentó la acción como dirigida a neutralizar redes de apoyo regional de grupos que EE.UU. considera terroristas, y a degradar la capacidad de Irán de financiar y dirigir milicias fuera de sus fronteras.
La escalada tuvo reacciones inmediatas en los mercados: Wall Street cerró a la baja y el petróleo subió, movimientos que ya preocupan a inversionistas chilenos por su efecto en la inflación y en los costos logísticos. Varios gobiernos europeos, entre ellos Suecia y Serbia, pidieron a sus ciudadanos salir de Irán ante el riesgo de ataques, y organizaciones civiles y artistas han vuelto a expresar su preocupación por el aumento de la violencia en la región.
Desde una perspectiva política interna en Estados Unidos, la operación complica el calendario doméstico: figuras demócratas ya preparan respuestas al discurso del Estado de la Unión y analizan medidas de supervisión del Ejecutivo. Internacionalmente, aliados y adversarios observan si la campaña será limitada o derivará en una confrontación más amplia con implicancias para la seguridad en el Golfo Pérsico.
Para Chile y América Latina, las consecuencias son tangibles pese a la distancia. Un aumento persistente del precio del petróleo presiona los costos de transporte y la inflación, lo que afecta la cadena de costos de la minería del cobre, principal exportación chilena. Además, una extensión del conflicto podría alterar rutas marítimas en el estrecho de Ormuz, elevar primas de riesgo y generar volatilidad en los mercados financieros locales.
A la vez, la crisis refuerza dinámicas geopolíticas más amplias: una potencia militar que actúa de forma unilateral puede profundizar la polarización entre bloques, incentivando a actores regionales a recalibrar alianzas y estrategias de seguridad. En los próximos días, los focos estarán en la verificación independiente de las afirmaciones sobre bajas de líderes iraníes, la evolución de la respuesta iraní y en cómo reaccionarán aliados clave de Estados Unidos, así como el gobierno de Chile ante eventuales impactos económicos o humanitarios.
