En Beijing, y como ocurre cada marzo, esta semana se reunieron la Asamblea Popular Nacional (APN) y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), el conjunto de sesiones anuales conocido como las "Dos Sesiones" que marca el calendario político de la República Popular China.

Las Dos Sesiones son en realidad la celebración simultánea de dos órganos distintos: la APN, que actúa como el parlamento formal y tiene el poder de aprobar leyes, presupuestos y nombramientos; y la CCPPCh, que funciona como un cuerpo consultivo integrado por representantes de empresas, académicos, científicos y otros sectores. Juntos movilizan más de 5.000 delegados, y las sesiones suelen celebrarse en el Gran Palacio del Pueblo, en la plaza Tiananmen de Beijing.

En el papel, la APN y la CCPPCh tienen funciones distintas, pero en la práctica estas jornadas son el espacio donde se anuncian las prioridades económicas y estratégicas del año: metas de crecimiento, marcos presupuestarios, proyectos de ley y nombramientos clave. También sirven como termómetro para la orientación de la política industrial, tecnológica y de seguridad del país.

El liderazgo del Partido Comunista Chino pesa en estas definiciones, y la figura de Xi Jinping suele dominar la agenda, tanto por su rol en el partido como por su influencia en la dirección del Estado. En un contexto de mayor multipolaridad y tensiones tecnológicas entre potencias, las decisiones que se anuncian en las Dos Sesiones tienen efectos más allá de las fronteras de China, sobre cadenas globales de suministros, inversión extranjera y estándares tecnológicos.

Para Chile y América Latina estas sesiones importan en términos concretos. China es el principal socio comercial de Chile, y las prioridades que Beijing fije sobre inversión, compra de materias primas, y regulación tecnológica impactan en exportaciones chilenas como el cobre y el litio, y en la dinámica de proyectos de infraestructura. Además, la agenda de seguridad y tecnología de China influye en las decisiones de partners externos; por ejemplo, en las últimas semanas Estados Unidos restringió visas al ministro de Transportes chileno, Juan Carlos Muñoz, y a dos funcionarios por gestiones vinculadas a un cable submarino con empresas chinas, una medida que el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, defendió por motivos de seguridad. Ese episodio muestra la presión que enfrentan países como Chile al navegar entre intereses económicos con China y las preocupaciones de seguridad de Estados Unidos.

En lo inmediato, las Dos Sesiones dejarán declaraciones oficiales sobre metas macroeconómicas, presupuesto y posiblemente nombramientos. A mediano plazo servirán para anticipar la dirección industrial y tecnológica de China, con efectos sobre inversión extranjera y demandas de commodities en la región. Desde Santiago, los ministerios de Comercio y Relaciones Exteriores estarán atentos a señales sobre comercio, tecnologías críticas y cooperación en infraestructura, porque esas señales determinarán cómo se ajustan acuerdos bilaterales y estrategias económicas en los próximos meses.