Cuatro ciudadanas chilenas y otra compatriota en Israel quedaron varadas desde el sábado en Doha y en Haifa luego de la ofensiva militar entre Estados Unidos, Israel e Irán que derivó en la cancelación masiva de vuelos y el cierre del espacio aéreo en la región.

Las mujeres en Qatar, identificadas como Carolina Pérez, Paula Aguilera, Carolina Aguilera y Fernanda Cáceres, hicieron una "solicitud urgente de evacuación y vuelo humanitario" a las autoridades chilenas, según un comunicado que difundieron. Ellas relatan que al bajar de un avión en Doha comenzaron a sonar alarmas, que la aerolínea Qatar Airways informó del cierre del espacio aéreo por tiempo indefinido, y que fueron derivadas a un hotel donde permanecen desde entonces en una "situación altamente estresante".

Las afectadas explican que han tenido contacto con el Consulado de Chile en Abu Dabi, ciudad de los Emiratos Árabes Unidos donde reside la representación diplomática chilena para la zona, pero que solo han recibido mensajes generales de calma y resguardo, sin planes concretos de evacuación ni opciones operativas para salir del país.

En Israel, María Paz Meza, bioquímica chilena que cursa un doctorado en biociencias moleculares y que había viajado para realizar una pasantía de dos meses en la Universidad de Haifa, también quedó incomunicada en medio de las alertas. Meza dijo a Cooperativa que la madrugada del sábado despertó con mensajes de su jefe y con las alertas de ataque en los teléfonos móviles; desde entonces vive bajo la lógica de las sirenas y las medidas de protección civil.

La situación evidencia las limitaciones que enfrentan chilenos y chilenas en zonas de alta tensión cuando no existe una embajada local, y pone foco en la capacidad de respuesta consular. Las afectadas solicitaron que el Gobierno de Chile active con urgencia gestiones de evacuación y coordinación internacional, idealmente junto a otros países, para habilitar un corredor o espacio aéreo humanitario que permita la operación de vuelos de salida desde Qatar.

En el plano geopolítico, la escalada entre Washington, Tel Aviv y Teherán ha multiplicado los riesgos en rutas aéreas que cruzan el Golfo Pérsico y el Levante. La interrupción de vuelos y la activación de defensas antimisiles no solo implican un riesgo directo para la seguridad de pasajeros, sino que también generan efectos económicos, como alzas del precio del crudo y caídas en mercados bursátiles, factores que ya preocupan a inversionistas chilenos vinculados a commodities y renta variable.

Reacciones oficiales concretas desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile no han sido reportadas públicamente por las afectadas; tampoco hay, por ahora, un anuncio conocido de Qatar Airways sobre la reanudación de operaciones hacia Europa y Sudamérica en función de un corredor humanitario. Fuentes locales e internacionales advierten que cualquier vuelo de evacuación requerirá acuerdos bilaterales o multilaterales y garantías de seguridad para las rutas a usar.

Para Chile, el caso es una llamada de atención sobre la necesidad de protocolos claros para la repatriación y asistencia consular en zonas de conflicto, y sobre la coordinación con aliados y aerolíneas para proteger a los ciudadanos y ciudadanas en el exterior. En los próximos días, la prioridad para las personas varadas será obtener un canal operativo —ya sea un vuelo humanitario, una escala segura hacia Europa o la coordinación con otros consulados— y para el Gobierno será, según reclaman las afectadas, ofrecer información concreta y planes de salida.

Si la tensión persiste, la situación podría prolongarse y afectar a más viajeros; en paralelo, los efectos económicos globales de la crisis —incluida la volatilidad del petróleo— seguirán siendo un factor de interés para la economía chilena y para los chilenos en el extranjero.