En los últimos años, kinesiólogos y traumatólogos en Chile han ido adoptando enfoques más funcionales para tratar esguinces y fracturas estables, privilegiando la movilidad guiada y la rehabilitación precoz frente a la inmovilización rígida prolongada. La observación la comparte Juan Ignacio de la Fuente, académico de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, quien explica que esta transición responde a evidencia internacional y al impacto funcional que deja el encierro prolongado en yeso.

La justificación científica proviene de revisiones sistemáticas y guías internacionales que comparan la inmovilización rígida con tratamientos funcionales. Estudios agrupados por la Colaboración Cochrane y recomendaciones de la AO Foundation, organización internacional de cirugía traumatológica, concluyen que para lesiones como los esguinces de tobillo el manejo con soporte externo y rehabilitación suele dar igual o mejores resultados en función y retorno a la actividad, en comparación con yeso prolongado. Estos documentos destacan además el papel del entrenamiento neuromuscular y la progresión controlada de la carga.

La inmovilización prolongada no es inocua. Como señala de la Fuente, "la investigación demuestra que el uso extendido de yeso aumenta el riesgo de rigidez articular, atrofia muscular, pérdida de control neuromuscular y, en el caso de las extremidades inferiores, puede favorecer complicaciones como la trombosis venosa profunda". Es decir, limitar el movimiento puede proteger inicialmente, pero también produce costos relevantes en la función a mediano y largo plazo.

En la práctica clínica esto se traduce en estrategias que protegen sin paralizar. Para esguinces de tobillo se privilegia la protección relativa, carga según tolerancia y un programa de rehabilitación progresiva que incluye movilidad, fortalecimiento, equilibrio y tareas específicas como correr o cambiar de dirección. Entre los soportes externos más usados están el vendaje adhesivo rígido o elástico, tobilleras semirrígidas, botas y férulas termoplásticas, los que permiten controlar el edema, facilitar la higiene y empezar movimiento guiado antes que con un yeso encajonado.

En fracturas estables o de bajo riesgo, la evidencia también favorece enfoques menos rígidos en determinados escenarios. Para algunas fracturas de extremidades, el control ortopédico combinado con férulas removibles y ejercicios supervisados permite iniciar movilidad temprana sin comprometer la consolidación ósea. No obstante, esto depende de la estabilidad de la fractura y de la evaluación por un traumatólogo; no todas las fracturas son aptas para manejo funcional.

La rehabilitación actual pone énfasis en criterios funcionales de retorno, que miden fuerza, equilibrio, capacidad de salto y tolerancia a la carga, en vez de basarse solo en el tiempo transcurrido desde la lesión. Estudios publicados en revistas de rehabilitación y medicina deportiva muestran que estos criterios reducen recaídas y aceleran el regreso a la actividad en pacientes bien evaluados y monitorizados.

Para los pacientes, el mensaje práctico es claro: la inmovilización total ya no es la regla automática. Es importante buscar evaluación especializada para determinar si una lesión puede manejarse con carga progresiva y soporte externo, y seguir un programa de kinesiología que incluya propiocepción y fortalecimiento. Ante dolor creciente, pérdida de sensibilidad, palidez o frío en la extremidad, o aumento importante de la hinchazón, se debe consultar de inmediato al servicio de urgencia o a un traumatólogo.

A futuro, especialistas chilenos advierten que la adopción generalizada de estos enfoques requiere mayor formación conjunta entre traumatología y kinesiología, y más estudios locales que comparen resultados a largo plazo en la población chilena. Mientras tanto, la práctica alineada con revisiones internacionales busca reducir complicaciones asociadas al yeso prolongado y mejorar la recuperación funcional de las personas.

Fuentes: revisiones sistemáticas de la Colaboración Cochrane, publicaciones y guías de la AO Foundation, y el testimonio de Juan Ignacio de la Fuente, académico de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello.