Vittorio Corbo y Carlos Massad, dos expresidentes del Banco Central de Chile, analizaron el legado de Alan Greenspan, el economista estadounidense que condujo la Reserva Federal (el banco central de Estados Unidos) durante casi 20 años. Sus evaluaciones comparten el reconocimiento a sus logros, pero ninguno evitó los reparos.

Corbo conoció a Greenspan en reuniones internacionales en Basilea y en Washington, en los encuentros anuales del FMI (Fondo Monetario Internacional). Lo recuerda, ante todo, como un comunicador de excepción. "Raramente he visto personas con esa capacidad. Explicaba muy bien, eso hizo que fuera muy exitoso guiando a la Fed en casi 20 años de presidente", afirmó.

El mayor mérito de Greenspan, según Corbo, fue su apuesta en los años 90. Cuando la economía estadounidense crecía con fuerza y el consenso apuntaba a subir las tasas de interés por miedo a la inflación, Greenspan se resistió. Argumentó que lo que ocurría era un aumento de productividad, y la historia le dio la razón. El resultado fue lo que los economistas llaman la "gran moderación": un período de alto crecimiento, baja inflación y poca volatilidad. "Eso pasa raramente", dijo Corbo.

Carlos Massad entregó su propia evaluación. Reconoció que durante casi dos décadas al frente de la Fed, Greenspan enfrentó varias crisis, entre ellas la asiática de fines de los 90, y logró sostener inflaciones bajas con fuerte crecimiento económico. Sin embargo, apuntó que el economista "mantuvo tasas de interés muy reducidas durante mucho tiempo", lo que terminó impulsando un alza excesiva en los precios de los activos y un boom inmobiliario.

Massad fue preciso en su diagnóstico: Greenspan representa "un ejemplo de buenas políticas en buenos momentos", pero "confió demasiado en los ajustes automáticos del mercado". Esa política de tasas bajas sostenida durante años sentó las bases del colapso inmobiliario que derivó en la crisis financiera global de 2008, la más severa desde la Gran Depresión de los años 30.