Una lectura emergente en Washington y Pekín propone que evitar un gran acuerdo entre Estados Unidos y China podría ser más realista que intentar un pacto integral, sobre todo en un contexto de tensiones por Taiwán, disputas comerciales y competencia tecnológica. Estados Unidos, o EE. UU. como se suele abreviar, y China enfrentan un escenario en el que sostener la paz podría ser más rentable que cerrar un tratado ambicioso, creando así una dinámica de contención que reduzca el riesgo de choque directo. En este marco aparece la idea de gestionar la relación para evitar un deterioro significativo y mantener flujos comerciales y de inversión en un momento de gran volatilidad global, algo particularmente relevante para Chile y la región que mira a estas dos potencias como motores de crecimiento y de precios de cobre y tecnología. Se habla de una posible apertura a la cooperación en áreas como comercio, investigación y educación, siempre dentro de un marco de multipolaridad y soberanía de cada nación, donde Taiwán continúa siendo el núcleo de una tensión que podría escalar si no se manejan bien las señales diplomáticas. Se menciona, además, la necesidad de evitar que la rivalidad tecnológica se convierta en una frontera militar, priorizando estabilidad y reglas claras para las cadenas de suministro globales. La idea central es que evitar un gran acuerdo podría contribuir a una distensión duradera que proteja intereses económicos de ambos lados y reduzca la incertidumbre para mercados internacionales, incluido Chile.