El Instituto Nacional de Estadística (INE) registró 714.237 operaciones de compraventa de vivienda en 2025, un repunte sostenido tras la caída de 2023 y alimentado tanto por la vivienda de segunda mano como por la nueva.

La segunda mano explicó la mayor parte del alza, con 558.327 operaciones, el 78% del total. La vivienda nueva subió con más fuerza, 16,1%, hasta 155.910 unidades, la cifra más alta desde 2011. Al mismo tiempo, el Ministerio de Vivienda de España informó que el precio tasado subió 13,1% en el año, hasta 2.230 euros por metro cuadrado, el valor más alto desde que esa serie comienza en 1995.

Los analistas apuntan a dos fuerzas principales: un abaratamiento de la financiación y una oferta de vivienda limitada. El artículo del INE señala que la menor presión sobre las tasas de interés en la Eurozona, vinculada a la política monetaria del Banco Central Europeo, facilitó el acceso al crédito, mientras la escasez de stock, sobre todo en grandes ciudades y zonas turísticas, empuja los precios.

El patrón recuerda la trayectoria de 2007, cuando las operaciones alcanzaron un récord antes de la crisis inmobiliaria. Desde ese pico las ventas cayeron hasta 2013 y luego tuvieron altibajos, con la pandemia marcando una fuerte contracción en 2020. Esa historia vuelve como referencia para evaluar riesgos de sobrecalentamiento y vulnerabilidades crediticias.

Entre las tensiones actuales figura el aumento de los alquileres turísticos, que resta oferta para residentes, y las dificultades de acceso a vivienda para jóvenes y hogares de menores ingresos. Esas presiones son las que empujan a debates públicos sobre regulación del mercado, fiscalidad de la vivienda y políticas de oferta.

Reacciones políticas y del sector inmueble aún son locales: el Gobierno y las comunidades autónomas suelen barajar medidas que incentiven la construcción y limiten la reconversión de viviendas a usos turísticos, mientras agentes financieros y promotores evalúan la rentabilidad ante precios crecientes.

Qué importa esto para Chile y América Latina. Primero, muchas constructoras e inversores españoles tienen proyectos o vínculos financieros con la región, por lo que cambios en la demanda o en la disponibilidad de crédito en España pueden alterar flujos de inversión hacia Latinoamérica. Segundo, el fenómeno subraya dos lecciones relevantes para Chile: la interacción entre tasas de interés y demanda, y el rol crucial de la oferta habitacional; limitar el acceso de viviendas al mercado residencial, por ejemplo con alquileres turísticos, puede agravar la escasez y elevar precios, como ya ocurre en ciudades turísticas chilenas.

En el plano institucional, en Chile las decisiones de política macroprudencial y monetaria corresponderían al Banco Central de Chile, y la supervisión financiera a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF). Ambos organismos, junto al Ministerio de Vivienda, siguen modelos distintos a los europeos, pero enfrentan interrogantes parecidos: cómo contener la inflación inmobiliaria sin frenar la construcción y el crédito responsable.

En resumen, la recuperación de la compraventa en España es una señal de reactivación del mercado europeo, pero también un recordatorio de los riesgos estructurales que pueden encarecer la vivienda. Para Chile, la comparación sirve como llamada de atención sobre la necesidad de políticas de oferta, regulación de usos turísticos y vigilancia de la dinámica crediticia.