Los detectores de metales no son la respuesta La tragedia de Calama ha desencadenado respuestas que, aunque comprensibles en su urgencia, actúan sobre la superficie visible del problema sin interrogar sus raíces. La más extendida es la instalación de detectores de metales y la revisión de mochilas en los establecimientos escolares.
Es una medida que puede generar una falsa sensación de seguridad y que no tiene efectos en la prevención. En el caso de Calama, el imputado publicó contenido explícitamente amenazante en redes sociales antes del ataque.
Esa era la ventana de intervención real. Los detectores operan en el umbral físico del establecimiento, cuando ya se ha fallado en todas las etapas anteriores.
Una política de prevención seria debe desplazar la atención hacia los entornos digitales, donde las señales precursoras son visibles y accionables con anticipación. Casi ninguna escuela en Chile tiene protocolos estructurados para detectar y procesar esas señales.
Instalar arcos detectores sin cerrar esa brecha es seguridad de vitrina, es decir, visible y tranquilizadora para la opinión pública, pero estructuralmente irrelevante. Hay además un costo simbólico que no puede ignorarse.
