La inflación energética de América Latina y el Caribe se disparó en marzo hasta el 1,42%, el nivel más alto registrado en doce meses. En febrero ese indicador se ubicaba en 0,19%. El salto responde directamente al impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los precios internacionales del crudo.

Así lo reportó la Olacde (Organización Latinoamericana y Caribeña de la Energía), entidad que monitorea los mercados energéticos del continente. La organización advirtió que, aunque América Latina genera gran parte de su electricidad con fuentes renovables como la hidroeléctrica o la solar, sigue siendo dependiente del petróleo para el transporte y la logística. Cuando el precio del barril trepó a US$116, el golpe fue inevitable.

Las cifras concretas muestran la magnitud del alza. El diésel, el combustible que mueve los camiones de carga y los buses de transporte público, encareció un promedio del 21% en la región. La gasolina subió un 15%. Los precios internos variaron según el país: entre 0,7 y 2,07 dólares por litro de gasolina, y entre 0,8 y 1,65 dólares por litro de diésel, una diferencia que refleja cuánto intervino cada gobierno para amortiguar el impacto.

El efecto no se quedó solo en la bomba de combustible. La Olacde explicó que este shock energético se transmitió hacia toda la economía, encareciendo los costos logísticos, el transporte y, finalmente, los alimentos. La inflación total mensual de la región se duplicó, pasando del 0,38% en febrero al 0,75% en marzo, su máximo en un año.

No todos los países sufrieron igual. Los importadores netos de petróleo enfrentaron presión severa sobre sus finanzas públicas, mientras que los exportadores recibieron ingresos extraordinarios de corto plazo, aunque también quedaron expuestos a la volatilidad del mercado. Varios gobiernos recurrieron a subsidios, rebajas de impuestos o fondos de estabilización para contener parte del alza, lo que explica que el traspaso al precio final no fuera completo.

El detonante está en Oriente Medio. Las tensiones militares entre Estados Unidos e Irán afectaron el Estrecho de Ormuz, la vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y que es clave para el transporte global de crudo. La semana pasada, ambas naciones firmaron un memorando de entendimiento para poner fin a las hostilidades y reabrir el estrecho, con un plazo de 60 días para negociar un acuerdo definitivo que también abarque el programa nuclear iraní.