Este lunes 6 de abril arranca el Panamericano Santiago 2026 Sub 21, un torneo decisivo que se disputará en el Centro de Entrenamientos y Competencias Claudia Schüler del Parque Estadio Nacional y que impulsa el camino de Chile rumbo al Mundial 2027, ya obtenido previamente por las Diablas en suelo nacional. La Región Metropolitana vuelve a ser centro de atención para el hockey césped continental y, con la clasificación en la mochila, Chile recibe a las mejores selecciones del continente para una competencia que reparte cupos planetarios.
En la rama femenina, la ruta hacia la Copa del Mundo se define por una fase de todos contra todos. Las Diablas Junior enfrentarán a Argentina, Estados Unidos, Uruguay, Canadá y México. Son cuatro los equipos que terminarán la tabla general en mejor posición y avanzarán a las semifinales, además de asegurarse automáticamente uno de los cuatro cupos para el Mundial. Es decir, el objetivo está claro: sumar regularidad en la fase inicial para pelear por el boleto global desde la primera mitad del certamen.
«Muy emocionadas y ansiosas porque ya queda una semana. Hemos trabajado y entrenado mucho estos días, con doble turno. Estamos listas. Siempre es muy emocionante cantar el himno y mirar a la grada con pura gente de casa, así que es una alegría jugar de locales», afirmó Gala Hernández. En la vereda opuesta, la acción masculina propone un desafío de mayor exigencia para los Diablos Junior. El seleccionado nacional masculino enfrentará a Argentina, Estados Unidos, Canadá, México, Brasil y Uruguay bajo la misma lógica de liga. Aunque también habrá cuatro equipos que irán a las semifinales, la dotación de plazas mundialistas es menor: solo tres cupos para el Mundial. En ambos casos, el inicio de las competencias está fijado para este lunes 6 de abril, con la emoción manteniéndose a lo largo de la semana.
La historia, aquí, es la posibilidad de convertir este Panamericano en una plataforma para el hockey chileno. Con la memoria reciente aún fresca de la clasificación de las Diablas al Mundial 2027 en casa, Chile busca capitalizar ese impulso y mostrar, tanto en la rama femenina como masculina, que este país puede sostener un nivel competitivo que seduce a rivales históricos. El Panamericano no es solo un torneo; es una bisagra para el desarrollo de la disciplina en la Región y, para el hockey chileno, una oportunidad de dejar una huella que trascienda la cancha y poblé las gradas de esperanza para las próximas generaciones.
