El precio del crudo Brent superó los US$100 por barril tras diez días de enfrentamientos en Medio Oriente, y los mercados ya descuentan un efecto directo sobre la economía chilena, sobre todo en la inflación.

El Brent es la referencia internacional del petróleo, y la alza responde a temores de interrupciones en el suministro, en particular si el Estrecho de Hormuz, la vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el océano abierto, se cierra temporalmente. Esa posibilidad llevó a Jorge Hermann, director de Hermann Consultores, a advertir que "si el Estrecho de Hormuz se cierra por varias semanas o un mes el precio del petróleo va a saltar a los US$120 dólares del barril", y a Tomás Izquierdo, gerente general de Gemines, a decir que un conflicto prolongado impactaría de forma significativa a la economía global.

El canal inmediato de transmisión hacia los bolsillos pasa por el Índice de Precios al Consumidor, o IPC, que es la medida oficial de la inflación. Nicolás García, economista senior de Coopeuch, explica que el efecto viene por dos vías: primero, el alza directa de combustibles que están en la canasta del IPC, como la bencina y la parafina; segundo, el encarecimiento de los insumos de transporte que las empresas pueden traspasar a los precios finales.

Los cálculos de mercado ya muestran números concretos. Felipe Alarcón, economista jefe de EuroAmerica, señala que hoy estiman un diferencial MEPCO positivo de $250 por alzas pendientes en los combustibles, aunque por ahora asumen que se materializarían $150, tras eventuales reversiones en tipo de cambio y en el precio del crudo. MEPCO es la sigla del mecanismo de estabilización de precios de combustibles que, según las fuentes consultadas, inyecta esos diferenciales de forma escalonada a los precios al público.

Con esos supuestos, los analistas proyectan para el IPC de marzo una variación de 0,57% y para abril 0,35%, cifras que son alrededor de 0,3 punto porcentual más que las proyecciones anteriores al estallido del conflicto. En palabras sencillas, eso significaría hasta un punto porcentual adicional en la inflación acumulada anual si los efectos persisten y se suman a otras presiones de precios.

El impacto en la actividad económica podría aparecer en el mediano plazo. Subir los costos de energía actúa como una piedra en la rueda: reduce márgenes empresariales, encarece el transporte, y disminuye el poder de compra de las familias. Eso es lo que advierten los analistas cuando hablan de un posible freno en la actividad si el choque de precios se mantiene.

Frente a este escenario, las autoridades y las empresas tienen opciones con distintos grados de costo. El Banco Central de Chile, si la inflación muestra signos de aceleración sostenida, podría mantener o elevar la tasa de interés para anclar expectativas, una herramienta que encarece el crédito y enfría la demanda. El gobierno, por su parte, puede elegir mitigar el golpe mediante subsidios temporales a combustibles o ajustes fiscales puntuales, lo que tendría un costo fiscal. Las empresas, en tanto, pueden optar por absorber parte del aumento para no perder clientes, o traspasar el costo a precios, lo que intensificaría la inflación.

La conclusión es pragmática: el crudo en torno a US$100 ya está empujando la inflación al alza en Chile, y el efecto más visible debería empezar a aparecer en los IPC de los próximos meses. El grado en que eso se traduzca en menor crecimiento o en una reacción más agresiva de la política monetaria depende de cuánto dure el choque en los mercados energéticos y de las respuestas que tomen el Banco Central de Chile y el gobierno en las próximas semanas.