En un acto oficial por el Día Nacional de la Paz, realizado en la Avenida de Bolívar a Chávez, en Managua, Daniel Ortega, copresidente de Nicaragua, tildó de desquiciado mental al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y lo acusó de sancionar a sus hijos y de haber “secuestrado” al exjefe de Estado venezolano Nicolás Maduro. El mandatario nicaragüense afirmó que Estados Unidos debe terminar de una vez por todas con las políticas terroristas que aplica en el mundo y demostra que es un hombre de paz. "Hasta el Nobel de la Paz estuvo peleando, pero no se lo dieron (...) Es un problema, diríamos, de desquiciamiento mental. Como decimos aquí: no está en sus cincos sentidos", afirmó ante funcionarios y público presente. El discurso marcó un tono contundente contra la figura del líder estadounidense y su ingerencia en temas regionales.

Ortega agregó que, en su veredicto, EE.UU. no está gobernado por una democracia real, y cuestionó que el Congreso y el Senado de ese país queden fuera de las decisiones que, según él, se toman para atacar a terceros países. "Si hay que tirar bombas lo decide el que se ha vuelto experto en tirar bombas (...) Es el mismo que continuamente está lanzando sanciones contra los pueblos", reprochó. Durante su intervención, el nicaragüense criticó además las amenazas contra Cuba y afirmó que la autoridad estadounidense ha mostrado, a su juicio, una actitud de intervención constante.

La crítica se extendió a la noción de que la administración de Trump ha actuado sin pedir permisos de organismos internacionales o incluso de su propio Congreso y Senado, según lo que aseguró Ortega. "El que está mandando en Estados Unidos le importa poco lo que digan los organismos internacionales, las mismas leyes de EE.UU., el papel del Congreso y el Senado de su país. Él debe solicitar autorización para lanzar los bombardeos que ha lanzado contra Irán y otros pueblos y no lo hace", insistió. El líder sandinista terminó remarcando que, a su juicio, Trump ya perdió la cabeza ante la realidad de la paz mundial y la estabilidad regional.

El acto se dio en un momento de alta tensión en la región, donde Ortega busca posicionar a Nicaragua como sujeto de crítica a la política exterior de Estados Unidos, especialmente en relación con Venezuela y Cuba. Aunque no hubo mención directa a Chile, la narrativa de Ortega sobre soberanía, intervención y sanciones internacionales encuentra ecos en un continente donde las relaciones con Washington continúan en vilo.