Delegados de todo el territorio chino, junto a representantes de Hong Kong y Macao, llegaron esta semana a Beijing para las reuniones anuales conocidas como las Dos Sesiones. En estas jornadas se reúnen el Congreso Nacional del Pueblo y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino para ratificar leyes, el presupuesto y nombramientos clave durante alrededor de dos semanas de sesiones públicas y actos oficiales.

El Congreso Nacional del Pueblo (National People's Congress, NPC) es la asamblea legislativa formal, mientras que la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (Chinese People's Political Consultative Conference, CPPCC) funciona como un órgano asesor con participación de empresarios, artistas y figuras públicas. El NPC cuenta con 3.000 miembros y suele aprobar sin cambios la legislación propuesta por el Partido Comunista de China, por eso su papel es en gran medida confirmatorio.

En el centro de la atención está el plan quinquenal 2026-2030, el documento de planificación económica que marcará las prioridades de Pekín para los próximos cinco años. Los borradores divulgados anticipan medidas para impulsar la demanda interna y acelerar inversiones en tecnologías estratégicas, entre ellas la fusión nuclear, la computación cuántica y la inteligencia artificial. También se espera la fijación de objetivos económicos y la confirmación del presupuesto militar.

La cita llega en un momento de tensión interna en la cúpula de Defensa. En enero se informó que un alto general del Ejército Popular de Liberación quedó bajo investigación por presunta corrupción y deslealtad, un movimiento que analistas interpretan como parte de una consolidación del poder en torno al liderazgo del Partido Comunista de China, encabezado por Xi Jinping. Desde la narrativa oficial, las medidas son presentadas como necesarias para la estabilidad y la disciplina; desde voces críticas, se leen como una mayor centralización del control político.

Históricamente, las Dos Sesiones han sido el marco donde Pekín formaliza cambios de gran calado: en 2023 legitimaron un tercer mandato de Xi Jinping, y en 2020 el NPC aprobó el marco legal que transformó la gobernanza de Hong Kong. Por eso observadores internacionales y mercados esperan señales sobre la dirección estratégica de China, su relación con Estados Unidos y su apuesta por la autosuficiencia tecnológica.

Para Chile y América Latina estas decisiones no son lejanas. China es el principal mercado para el cobre chileno y un actor central en materias primas, inversión y comercio. Un plan quinquenal que apueste por estimular la demanda interna o por reforzar cadenas de suministro tecnológicas puede cambiar la dinámica de precios y la demanda de commodities. Asimismo, la mayor inversión en tecnologías avanzadas puede abrir oportunidades de cooperación científica y atraer capital, pero también intensifica la competencia global por minerales estratégicos y componentes tecnológicos.

En términos geopolíticos, cualquier señal de fortalecimiento militar o de mayor fricción con Estados Unidos puede reforzar la tendencia hacia una multipolaridad más marcada, con implicancias para las relaciones comerciales y la arquitectura de alianzas. Para empresas e inversionistas chilenos, la recomendación de analistas es seguir de cerca los objetivos de crecimiento y las partidas presupuestarias que se anuncien, porque influirán en la demanda de recursos y en la estabilidad de los flujos comerciales.

Las conclusiones concretas de las Dos Sesiones se conocerán durante los próximos días, cuando se hagan públicos los objetivos macroeconómicos, el presupuesto de Defensa y la lista de nombramientos confirmados. Más allá del calendario, lo que esté en los documentos oficiales dirá si Pekín prioriza la apertura de la demanda interna, la autosuficiencia tecnológica, o un endurecimiento de controles políticos que podría afectar la percepción de riesgo en los mercados. Para Chile, el foco ahora es ver cómo esas prioridades traducen en comercio, precio del cobre y oportunidades de inversión.