El mercado de capitales chileno registró un ingreso masivo de inversión extranjera en enero, según los datos publicados esta semana por el Banco Central de Chile. La autoridad informó que el stock de inversión de portafolio, es decir las posiciones en acciones y bonos, tocó un nuevo máximo histórico.
Según el reporte, la posición total llegó a US$46.987 millones. Ese monto se reparte entre US$17.267 millones en renta fija, es decir títulos de deuda como bonos del Gobierno, que subieron un 130% en los últimos 12 meses, y US$29.720 millones en renta variable, o sea acciones, con un alza de 64% en el mismo periodo. Con base en esos porcentajes, hace 12 meses la deuda extranjera en Chile era aproximadamente US$7,5 mil millones y la renta variable alrededor de US$18,1 mil millones, suma que da cerca de US$25,6 mil millones.
El fenómeno tiene varias causas. Pablo García, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y exvicepresidente del Banco Central de Chile, señaló a Señal DF que la incertidumbre en Estados Unidos, por temas como la política comercial, un déficit fiscal que despierta preocupación y dudas sobre la trayectoria de la Reserva Federal de Estados Unidos, conocida como Fed, ha reducido el apetito por activos en dólares. Eso habría impulsado a inversionistas a diversificar hacia economías con marcos fiscales y monetarios más previsibles y con recursos reales, y Chile aparece entre esas alternativas. JP Morgan, el banco y administrador de activos internacional, añadió que los precios históricamente altos del cobre y la recuperación del litio crean un entorno atractivo para los capitales.
Juan Andrés Camus, presidente de la Bolsa de Santiago, atribuyó parte del interés a la política local: dijo que existe ahora un consenso político sobre la importancia del crecimiento económico, y que los inversionistas valoran señales de políticas que favorezcan la expansión. "Ahora, lo que importa es que el nuevo Gobierno ponga en marcha políticas amigables con el crecimiento económico", afirmó Camus.
Los expertos también destacan elementos metodológicos que amplifican el salto medido por el Banco Central: la combinación de flujos netos de entrada, retornos positivos de los activos locales y la apreciación del peso frente al dólar. La apreciación del peso aumenta el valor en dólares de activos nominados en moneda local, por lo que parte del «récord» responde a movimientos de tipo de cambio además de compras netas.
El impacto para Chile es doble. En lo positivo, la fuerte demanda por bonos soberanos puede bajar las tasas de interés que paga el Estado y facilitar financiamiento, y el mayor interés en acciones refleja confianza en empresas ligadas a materias primas que benefician la economía. En lo negativo, una alta participación extranjera aumenta la sensibilidad del mercado chileno a cambios externos, por ejemplo giros en la política de la Fed o una reversión de precios del cobre, lo que podría generar volatilidad al alza o a la baja. Autoridades como el Banco Central de Chile y la Comisión para el Mercado Financiero, el organismo regulador de los mercados, deberán monitorear la concentración y la velocidad de los flujos para evitar tensiones.
A futuro, los inversionistas estarán atentos a tres señales: la trayectoria de la política económica del nuevo Gobierno chileno, la evolución de los precios del cobre y el litio, y las decisiones de la Fed en Estados Unidos. Si esas variables se mantienen favorables, los flujos podrían consolidarse; si cambian bruscamente, la corriente de capitales podría invertirse con rapidez, lo que pondría a prueba la estabilidad financiera local.
