Los resultados fueron contundentes. Michelle Bachelet obtuvo apenas un voto de aliento en el tercer sondeo del Consejo de Seguridad. Ante esos números, la expresidenta anunció hoy que retira su candidatura a la Secretaría General de la ONU. En un comunicado publicado en Instagram, reconoció que "ese momento ha llegado" para desistir del proceso.
El derrumbe fue vertiginoso. En el primer sondeo del 30 de julio, Bachelet sumó seis votos de aliento y quedó cuarta. En el tercero, realizado el 18 de septiembre, obtuvo apenas uno. En noventa días perdió el 83% de su apoyo dentro del Consejo de Seguridad. Descendió a la séptima posición entre ocho candidatos.
¿Qué cambió? El veto estadounidense fue insalvable desde el inicio. La administración Trump indicó públicamente que rechazaba su candidatura. El embajador Michael Waltz criticó a Bachelet directamente. Un portavoz del Departamento de Estado dijo a The Washington Post que buscaban un secretario general que alejara la ONU de una ideología "absurda, politizada y progresista". Bachelet nunca logró ni la abstención de Washington.
Pero la historia doméstica es más complicada. El presidente José Antonio Kast retiró en marzo el patrocinio oficial de Chile a la candidatura. Argumentó bajas probabilidades de éxito. Las fuentes consultadas por T13 revelan una razón más profunda: Kast nunca quiso respaldar públicamente a alguien que representa lo opuesto a su proyecto político.
Gabriel Boric y Bachelet habían organizado la candidatura en las últimas semanas del gobierno anterior, sin consultar a quien sería el próximo presidente. Kast lo supo cuando ya era presidente electo. Ese gesto activó una lógica que domina hoy la política chilena: el castigo automático a los legados de gobiernos anteriores.
El retiro de patrocinio encendió críticas desde la centroizquierda. El diputado Vlado Mirosevic dijo que la expresidenta enfrentó dos obstáculos: uno enorme (el veto de Trump) y uno pequeño (el rechazo de Kast). La exministra Antonia Orellana fue más radical: calificó la conducta del Ministerio de Relaciones Exteriores como un acto que pasará a la "historia de la infamia". El senador Juan Luis Castro (PS) cuestionó qué hubiera ocurrido si Chile respaldaba con "toda su fuerza" la candidatura.
Desde el oficialismo blindaron la postura de Kast. El senador Iván Moreira (UDI) emplazó a la oposición a asumir que las dinámicas internacionales eran ajenas al Gobierno. El presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, fue más lejos: consideró que la nominación misma fue un error de Boric, una "operación política nacional" que expuso innecesariamente a Bachelet.
Brasil y México sostuvieron públicamente el patrocinio hasta el final. Lula da Silva y Claudia Sheinbaum respaldaron a Bachelet, aunque con menor visibilidad conforme los sondeos se desmoronaban. En su anuncio de retiro, la expresidenta agradeció explícitamente a ambos mandatarios por mantener "generosidad y convicción" hasta el cierre.
Este retiro ilustra una dinámica que se repetirá en la región. Los gobiernos de centroizquierda pierden poder de proyección global cuando sus sucesores giran a la derecha. Para el ciudadano común, significa que voces que abogaban por clima y derechos humanos desaparecen de espacios internacionales cuando los gobiernos cambian de color político. El apoyo coordinado de Bachelet con Lula y Sheinbaum fue insuficiente frente al veto estadounidense.
