A dos semanas del cambio de mando, el equipo del presidente electo acelera las coordinaciones internas para dejar en marcha la administración que asumirá el 11 de marzo. En la casona conocida como "Moneda Chica", la futura vocera de Gobierno detalló hoy cómo avanzan esas gestiones y qué espera el comando de llegada a La Moneda.
Mara Sedini, futura vocera de Gobierno y coordinadora de la transición desde la "Moneda Chica", dijo que las reuniones con las autoridades salientes buscan traspasar “los desafíos, las cosas pendientes y qué podemos hacer para que este ministerio... pueda seguir haciendo funcionar las cosas”. "No debería ser diferente", agregó al referirse a la dinámica con la actual administración.
Sedini explicó que durante la última semana se realizaron capacitaciones sobre transparencia, probidad y administración del Estado, dirigidas no solo a los ministros designados, sino también a subsecretarios y jefes de gabinete. En ese contexto, informó que el próximo 4 de marzo el presidente electo José Antonio Kast expondrá ante una reunión ampliada de ministros y subsecretarios los lineamientos y prioridades que marcarán la puesta en marcha del ejecutivo.
Según la vocera, en esa instancia Kast abordará "las principales emergencias" y las expectativas para cada cartera, con el objetivo de quedar "claros respecto de cuál va a ser el programa de gobierno de emergencia" y empezar a operar desde el 11 de marzo. Los equipos de transición trabajan con ritmo intenso; la actividad ha sido tal que, dijo Sedini, los estacionamientos de la casona en calle La Gloria 88 han quedado casi sin espacio.
Históricamente, las transiciones presidenciales en Chile han dedicado las semanas previas a reuniones bilaterales entre salientes y entrantes para asegurar continuidad administrativa. Esta práctica busca minimizar riesgos operativos en servicios públicos, y ahora se repite en medio de una doble tensión: las urgencias internas señaladas por Kast y la agenda internacional, marcada por la polémica en torno a un cable con China, sobre el que la vocera no entró en detalles.
Políticamente, la convocatoria busca dos objetivos claros. Primero, proyectar control y disciplina interna: ganar en coordinación fortalece al presidente electo y a sus ministros designados frente a críticas y a la opinión pública. Segundo, descargar responsabilidad operativa a los equipos ministeriales, lo que puede dejar a partidos del oficialismo con menos margen para negociar cambios de última hora. Para la ciudadanía, el impacto directo dependerará de si esas primeras medidas de emergencia inciden en servicios básicos y en la percepción de orden público y económico durante las primeras semanas de gobierno.
Quedan pendientes preguntas prácticas: qué definirá exactamente el "programa de gobierno de emergencia", qué plazos y recursos se asignarán a esas prioridades, y cómo se articulará la relación con el gobierno saliente en áreas sensibles. La hoja de ruta del 4 de marzo será la primera señal clara sobre esas decisiones y marcará, en los hechos, quién gana capacidad de gestión en los primeros días del nuevo gobierno y quién queda más rezagado en la toma de decisiones.