En una sesión del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de la ONU en Moscú, el viceministro de Exteriores ruso, Dmitri Liubinski, pidió a Washington garantías concretas para evitar una escalada militar con Irán y ofreció la asistencia de Rusia para facilitar una solución diplomática al conflicto sobre el programa nuclear iraní.
Liubinski, viceministro de Exteriores de Rusia, sostuvo que Estados Unidos y sus aliados deben renunciar a acciones militares contra la infraestructura nuclear civil de Irán y apostar por la vía negociada. Sus declaraciones se dieron en un foro multilateral que, según el diplomático, busca preservar la Carta de las Naciones Unidas y evitar que se repita un ciclo de confrontación en Oriente Medio.
Las palabras rusas llegan tras advertencias públicas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha dicho que evalúa la posibilidad de realizar "ataques limitados" contra Irán y fijó a Teherán un plazo de 15 días para alcanzar un entendimiento con Washington. Desde Teherán, Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, advirtió que cualquier ofensiva, por pequeña que sea, será considerada un acto de agresión.
Moscú aseguró que está dispuesto a brindar apoyo diplomático en las negociaciones, mientras que Omán actúa como mediador entre Washington y Teherán. El ministro de Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, confirmó que representantes de Estados Unidos e Irán se reunirán el 26 de febrero en Ginebra, Suiza, para una nueva ronda de conversaciones sobre el acuerdo nuclear. Las citas previas se realizaron el 6 de febrero en Mascate, Omán, y el 17 de febrero en Ginebra.
En paralelo a ese hilo diplomático, Estados Unidos reforzó su presencia militar en la región con el despliegue de más de 50 aviones de combate, decenas de aviones cisterna y dos grupos de ataque de portaaviones, acompañados por destructores, cruceros y submarinos de escolta. Ese fortalecimiento pretende aumentar la presión sobre Irán, aunque Washington al mismo tiempo retomó canales indirectos de diálogo, mediación en la que Omán figura como interlocutor clave.
Analistas consultados por medios internacionales interpretan la postura rusa como parte de una dinámica mayor de competencia geopolítica entre Moscú y Washington por influencia en Oriente Medio. Rusia busca presentarse como actor que promueve la diplomacia y limita la opción militar, mientras Estados Unidos combina disuasión y presión para forzar concesiones sobre el alcance del programa nuclear iraní, que Teherán insiste en calificar de pacífico.
Para Chile y la región, la tensión tiene efectos concretos: la posibilidad de un conflicto abierto en el Golfo Pérsico eleva la volatilidad en los precios del petróleo y los mercados financieros, lo que ya provocó caídas en Wall Street y preocupación entre inversionistas chilenos. También hay riesgo de perturbaciones en el tránsito marítimo en rutas hacia Asia, lo que puede encarecer fletes y afectar exportaciones e importaciones. Además, la repetición de tácticas de despliegue militar por parte de potencias globales subraya la creciente multipolaridad y la limitada capacidad de bloques regionales latinoamericanos para influir en estos episodios.
Lo que sigue será la ronda de Ginebra del 26 de febrero y la reacción de Teherán ante la presión y las ofertas de mediación. Si predominan las conversaciones, la tensión podría moderarse; si prevalecen las medidas militares o amenazas creíbles de ataque, es probable que aumente la inestabilidad regional y las oscilaciones en los mercados que impactan a los hogares y empresas en Chile.

