La Corporación de Bienes de Capital (CBC) presentó un catastro que identifica 31 proyectos mineros nuevos en Chile, y señala que la mayoría ya cuenta con aprobación ambiental y está concentrada en la Región de Atacama; el informe no precisa fecha de publicación.

Un proyecto greenfield es uno que parte desde cero, sin faenas ni infraestructura previa, mientras que un proyecto brownfield mejora o amplía instalaciones existentes. Esa diferencia es clave porque los greenfield suelen tardar más y exigir mayor inversión inicial, como construir caminos, plantas y campamentos.

El estudio de la CBC indica que actualmente el 9% de la inversión minera en el país corresponde a proyectos greenfield, por US$8.244 millones, sobre un total sectorial de US$92.822 millones en pipeline de proyectos. El informe clasifica los 31 proyectos en cuatro categorías: 23 son "prospecciones mineras" por US$765 millones; el mayor monto está en "complejo minero de superficie", con US$5.395 millones, que representa el 65% del total greenfield; y cuatro iniciativas se agrupan como "desarrollo de minas" con US$1.685 millones, o 20% del capex.

En términos territoriales la Región de Atacama concentra 17 proyectos y el 69% de la inversión greenfield. Le siguen la Región de Antofagasta con siete proyectos y la Región de Coquimbo con cinco. En conjunto esas tres regiones suman US$8.201 millones, una cifra muy cercana al total reportado por la CBC, lo que sugiere diferencias menores por redondeos entre tablas del estudio.

El informe también ordena los proyectos por etapa de avance. Señala que hay dos iniciativas en ingeniería conceptual, por US$2.793 millones, y un proyecto en ingeniería de detalle, valorado en US$2.365 millones. El documento revisado está incompleto respecto a las restantes etapas, y no se entrega en el texto que recibimos el listado completo con fechas estimadas de inicio de construcción.

Este catastro llega en un contexto donde la producción de cobre nacional muestra signos de debilidad. La Comisión Chilena del Cobre, Cochilco, reportó una producción de 5,4 millones de toneladas al cierre del año pasado, una baja de 1,6% respecto de 2024. Menos proyectos greenfield implican un riesgo para la capacidad de reemplazo de reservas a largo plazo, porque ampliar minas existentes suele dar respuestas más rápidas que abrir y construir una mina desde cero.

Para el usuario común esto se traduce en dos efectos prácticos: primero, la concentración de proyectos en Atacama aumentará la relevancia regional en empleo y compras a proveedores locales, pero también focaliza los debates sobre agua y permisos ambientales; segundo, que aunque la mayoría de proyectos reporta tener aprobaciones ambientales, todavía necesitan financiamiento, ingeniería de detalle y aceptación social para avanzar, por lo que su impacto real en la oferta de cobre será más bien de mediano a largo plazo.

En perspectiva, la cifra de US$8.244 millones confirma que hay apetito por inversión nueva, pero el desequilibrio entre proyectos en fase conceptual y los pocos en ingeniería de detalle indica que pocos comenzarán a construirse de inmediato. Los próximos pasos a seguir serán la confirmación de financiación privada, el avance en permisos y las condiciones de mercado del cobre, factores que determinarán si estos proyectos pasan del papel a la operación efectiva.