Aluvión en Las Condes reabre debate por radares meteorológicos pendientes desde 2019

La red de entre ocho y 12 radares Doppler para la DMC sigue sin financiamiento, y expertos advierten que alertar no reemplaza la mitigación.

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El aluvión que golpeó San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, volvió a poner sobre la mesa la red de radares meteorológicos que Chile aún no instala, según Cooperativa. El climatólogo de la Universidad de Santiago (Usach) Raúl Cordero sostiene que ese compromiso se adquirió después de los tornados de 2019.

En julio, Cordero explicó a CNN Chile que el plan consideraba entre ocho y 12 radares Doppler para la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), distribuidos desde Valparaíso hasta Los Lagos. Sus dichos, luego recogidos por Diario Usach, indicaban que la iniciativa seguía detenida por falta de presupuesto. La fuente no detalla qué organismo debía financiarla ni si existe un nuevo plazo.

El tema reapareció tras el desborde de la Quebrada Honda y las críticas porque no se envió una alerta del Sistema de Alerta de Emergencia (SAE). El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) calificó la reactivación de la quebrada como un evento "súbito e inesperado", sin margen para coordinar evacuaciones.

La brecha técnica la describió Arnaldo Zúñiga, meteorólogo de la DMC, en declaraciones a Emol que replicó T13. Hoy el país se apoya en satélites geoestacionarios que miden la temperatura de la cima de las nubes, un dato con límites para seguir lluvias intensas al minuto.

Un radar agrega lo que el satélite no entrega: el lugar exacto donde llueve y con cuánta fuerza. Con eso, los equipos de emergencia pueden anticipar riesgos y reaccionar mejor.

Ayaz Alam, doctor en Geología y académico de la Usach, matizó esa expectativa. "Un radar meteorológico efectivamente es importante (...), pero no basta por sí solo", dijo a Diario Usach. Según explicó, en una quebrada pequeña el equipo da desde minutos hasta horas para evacuar, aunque no reduce el daño.

Alam planteó que los radares deben operar junto a pluviómetros para la lluvia, fluviómetros para los caudales y sensores que detecten movimientos en las laderas. Citó como ejemplos a Medellín y Río de Janeiro, además de Estados Unidos y Japón.

Para el geólogo, esos sistemas sirven para avisar a quienes viven en zonas bajas y sacarlos a tiempo, pero no reemplazan la prevención. "Para mitigar se necesita una labor continua y de largo plazo en terreno", afirmó el académico.

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