El presidente de Francia, Emmanuel Macron, inauguró este sábado en París la 62ª edición del Salón Internacional de la Agricultura, que se celebrará entre el 21 de febrero y el 1 de marzo. La ceremonia marcó el inicio de una cita que, según los organizadores, durante más de seis décadas ha sido vidriera de la diversidad y la excelencia de los sectores agrícolas.
El Salón Internacional de la Agricultura reúne a productores, instituciones y empresas que muestran alimentos, técnicas y saberes ligados al campo, y funciona como termómetro de debates que van desde la soberanía alimentaria hasta la sostenibilidad. En 2026 la feria mantiene esa tradición, en un momento en que la relación entre ciudad y campo vuelve a discutirse con intensidad en Europa y en América Latina.
En paralelo, París aparece estos días también como escenario de conversaciones culturales que traen a Chile a la escena internacional. La ciudad impulsa una iniciativa de recirculación de cinco vestidos de la Gala de Viña, entre piezas vintage y creaciones de diseñadores chilenos e internacionales. En Santiago, figuras como Kel Calderón, influencer chilena, y Vesta Lugg, actriz y presentadora chilena, desfilaron en la Gala de Viña 2026, y esas imágenes han viajado junto a los debates sobre moda sostenible y memoria cultural.
La yuxtaposición entre una feria agrícola y las conversaciones sobre moda y recirculación no es casual. Ambas esferas interrogán el origen de lo que consumimos, las cadenas que sostienen productos y prendas, y las posibilidades de generar valor cultural en torno a lo local. Para productores y creadores chilenos, la feria parisina ofrece una ventana de interlocución con compradores, chefs e instituciones europeas, aunque por ahora no hay información pública sobre delegaciones oficiales chilenas inscritas en la programación.
El Salón permanecerá abierto hasta el 1 de marzo, y su efecto se mide más allá de la economía: en la capacidad de articular discursos sobre producción, tradición y sostenibilidad. Esa conversación, desde los pabellones de París hasta los vestidos que vuelven a la vida tras la Gala de Viña, perfila una agenda donde lo rural y lo cultural se miran y se influencian mutuamente.
