En la reciente edición del programa La Voz de los que Sobran, la periodista Alejandra Valle respondió con dureza a un análisis hecho por el humorista Álvaro Salas sobre los comediantes que pasaron por la Quinta Vergara durante el Festival de Viña del Mar 2026. La polémica se encendió luego de que Salas dijera, en el espacio Only Viña, que su favorito fue Rodrigo Villegas y que el que menos le gustó fue Asskha Sumathra.
Alejandra Valle, periodista chilena y ex panelista de farándula, apuntó a lo que ella ve como una lectura desfasada del humor popular. Valle cuestionó que, según la opinión de Álvaro Salas, sería aceptable reírse de las suegras, de mujeres consideradas poco atractivas o de esposas engañadas, mientras que el humor de transformistas sería visto como menos legítimo. En su intervención afirmó, "Resulta que Álvaro Salas considera que reírse de las suegras, reírse de las mujeres supuestamente feas, reírse de las amantes o de las esposas que son gorreadas, eso sí es válido".
Álvaro Salas, humorista chileno conocido por su apodo de Rey del Chiste Corto, calificó el espectáculo de Asskha Sumathra como un tipo de humor que, a su juicio, exige más cuidado en el escenario de la Quinta Vergara. "Fue mucho de la cintura para abajo. Es una opinión bien personal", dijo Salas en Only Viña, frase que Valle rebatió señalando una desconexión generacional y de sensibilidad con las audiencias contemporáneas.
Asskha Sumathra es una artista transformista y comediante que, según Valle, ha tenido buena recepción del público en Viña; la periodista dijo que Asskha "ha ganado todas las encuestas" que ella ha visto sobre los comediantes del festival, aunque no aportó sondeos públicos ni cifras verificables durante su comentario. Esa lectura contrasta con la evaluación de Salas y pone en evidencia un debate mayor: quién define los límites del humor y qué criterios de validez se aplican en un festival masivo y televisado.
El cruce sucede en un festival que, además de controversias artísticas, ha sido objeto de críticas por la extensión de sus horarios y la gestión de la programación. En las noches de Viña 2026, por ejemplo, la llegada tardía de Matteo Bocelli generó protestas por el horario, y el cierre de otra jornada a cargo del grupo colombiano Bomba Estéreo se extendió hasta pasada la madrugada, factores que alimentan la discusión sobre la construcción del espectáculo y la respuesta del público.
Más allá del intercambio entre figuras mediáticas, la disputa trae a primer plano tensiones culturales: el choque entre códigos humorísticos tradicionales y nuevas formas escénicas que visibilizan identidades diversas. Para los organizadores del festival y para la crítica, la pregunta queda abierta sobre cómo equilibrar la libertad creativa, el respeto y las expectativas de una audiencia heterogénea. En lo inmediato, la polémica promete seguir en programas de opinión y redes sociales, y plantea, de cara a futuras ediciones, la necesidad de pensar la curaduría del humor en un contexto social cambiante.