En un discurso este lunes desde la base naval de Île Longue, en Bretaña, Emmanuel Macron, presidente de Francia, ordenó aumentar el número de ojivas nucleares del país y planteó dar a la disuasión francesa un mayor alcance europeo, invitando a socios que quieran sumarse sin compartir la decisión sobre su uso.
Macron habló ante personal ligado a la fuerza de disuasión embarcada en submarinos nucleares, y justificó el movimiento en un contexto internacional de creciente proliferación y de modernización de arsenales. Recordó que Francia había reducido su stock desde el final de la Guerra Fría a menos de 300 bombas, pero dijo que ahora era “indispensable” reforzar la capacidad de disuasión para proteger intereses vitales, sin definirlos con precisión.
El presidente francés también apuntó directamente a Rusia, a la que describió como “un gran riesgo” por su arsenal y por el desarrollo de nuevas armas, y mencionó a potencias nucleares reconocidas como India y Pakistán, a Corea del Norte y a la expansión militar de China, además de la modernización estadounidense. Al referirse al conflicto en Oriente Medio, aludió a la inestabilidad regional y a un Irán cuyas capacidades nucleares y balísticas, dijo, “no están todavía destruidas”.
La propuesta de una dimensión más europea de la disuasión plantea preguntas políticas y legales: Macron ofreció que socios europeos “que quieran sumarse” compartan la protección estratégica, pero aclaró que no se delegará la autoridad para decidir el uso de armas nucleares. Esa fórmula modifica en los hechos el alcance político de la doctrina francesa, sin transferir la capacidad de decisión sobre empleo de armamento atómico.
Hasta ahora no ha habido adhesiones públicas de capitales europeas relevantes y varios gobiernos mantienen una postura cautelosa, según comunicados y declaraciones oficiales consultadas. La iniciativa reabre además el debate sobre la modernización nuclear dentro de la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y sobre si la Unión Europea, bloque de 27 países, debe coordinar capacidades estratégicas más estrechamente.
Para América Latina y Chile, la decisión tiene implicaciones simbólicas y diplomáticas claras. La región es una zona libre de armas nucleares amparada por el Tratado de Tlatelolco, y Chile es parte activa de foros multilaterales sobre desarme y no proliferación, incluido el Tratado de No Proliferación Nuclear, conocido por sus siglas como TNP. Un reforzamiento de arsenales en Europa complica las negociaciones de control de armas y puede reducir el espacio para acuerdos de desarme en instancias donde Estados como Chile participan.
En términos prácticos, el anuncio francés no altera de inmediato la seguridad chilena, pero sí influye en el escenario de normas internacionales que protegen a regiones no nucleares. Si los grandes Estados nucleares normalizan aumentos de arsenales o nuevas doctrinas de extensión de protección, se dificulta la presión diplomática para limitar ojivas y mejorar mecanismos de verificación.
Los próximos pasos a seguir incluyen aclaraciones técnicas del Ministerio de Defensa francés sobre cuántas ojivas se agregarán, reacciones formales de la Unión Europea y de la OTAN, y el posible tratamiento del tema en foros multilaterales como la próxima revisión del TNP. Para Chile, la respuesta probable será diplomática, reafirmando su compromiso con la zona libre de armas nucleares y promoviendo el diálogo sobre estabilidad estratégica.
En cualquier caso, la intervención de Francia sitúa de nuevo la discusión sobre la multipolaridad nuclear en el centro del debate global, con efectos que van desde la gobernanza del desarme hasta la política de seguridad europea, y que obligan a gobiernos como el chileno a evaluar su posición en foros internacionales sobre no proliferación y control de armamentos.

