Fuentes citadas por el medio Axios dijeron este domingo que Estados Unidos (EE. UU.) e Israel han discutido la posibilidad de desplegar tropas especiales dentro de Irán para confiscar reservas de uranio enriquecido. Las conversaciones, según cuatro personas anónimas consultadas por la nota, se enmarcarían en una fase posterior del conflicto actual.

La operación propuesta implicaría ingresar a instalaciones nucleares iraníes, incluidas estructuras subterráneas, y asegurar materiales clave. El objetivo que citan los funcionarios es controlar 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un volumen que, según los propios interlocutores consultados por Axios, podría convertirse en material apto para armas en cuestión de semanas si no se asegura.

Según el informe, la misión de tierra solo se consideraría cuando EE. UU. y Israel estimen que las fuerzas iraníes ya no representan una amenaza directa sobre el terreno. La versión publicada se basa en fuentes anónimas y no incluye una confirmación oficial del gobierno iraní; Axios es el medio que divulgó la información.

El presidente Donald Trump, citado en una entrevista a bordo del Air Force One tras recibir los cuerpos de seis soldados estadounidenses fallecidos en el conflicto, dijo que solo enviaría tropas por "una muy buena razón" y afirmó que, si se desplegaran, las fuerzas iraníes estarían "tan diezmadas" que no podrían combatir en tierra. Esas declaraciones son de Trump y representan su posición pública; no se aportó un cronograma operativo.

Por su parte, el Comando Central del Ejército estadounidense (CENTCOM, por sus siglas en inglés) informó que en la primera semana de la ofensiva se atacaron más de 3.000 objetivos, según su reporte del viernes. Esa cifra ilustra el alcance de la campaña aérea y naval que precedería a cualquier operación terrestre más profunda.

Operacionalmente y en términos de derecho internacional, una incursión para incautar material nuclear plantea desafíos enormes. Se requeriría asegurar la cadena de custodia del material, garantizar medidas de seguridad para prevenir dispersión radioactiva y enfrentar la soberanía iraní, lo que podría agravar la reacción diplomática de actores como Rusia, China y la Unión Europea. La información disponible hasta ahora no detalla autorizaciones multilaterales ni mandatos de organismos internacionales.

Para Chile y América Latina la preocupación es indirecta pero tangible. Mercados y precios del petróleo ya han reaccionado a la escalada, con caídas en Wall Street y alzas en el crudo que afectan a inversionistas chilenos y a la inflación local. Un conflicto prolongado puede presionar el precio de los combustibles, encarecer fletes y aumentar costos para la minería y otras industrias intensivas en energía. Además, la región observa el precedente político de acciones unilaterales en territorios terceros y la posible erosión de mecanismos multilaterales de control nuclear.

Los próximos pasos a seguir son la verificación independiente de las intenciones de EE. UU. y Israel, cualquier respuesta oficial de Irán y la postura de organismos internacionales como la Agencia Internacional de Energía Atómica. En Washington y Tel Aviv la discusión sobre una opción terrestre parece condicional y ligada al estado de las fuerzas iraníes en el terreno; para Chile y la región, la atención estará en la evolución de los precios energéticos, la estabilidad marítima en rutas como el Estrecho de Ormuz y las reacciones diplomáticas que se desencadenen.