Cinco grandes comercializadores y distribuidores de licores acumulan niveles de inventario que no se veían hace más de una década, y eso está tensionando a la industria global y al mercado chileno al cierre de 2025. Según un reporte del Financial Times, Diageo, Pernod Ricard, Campari, Brown-Forman y Rémy Cointreau suman US$22.000 millones en botellas en maduración o bodega.
El término stock, es decir inventario de botellas en bodega, ha crecido de forma marcada en las categorías de mayor graduación alcohólica, por ejemplo whisky, coñac y tequila. En el caso de Rémy Cointreau, su inventario en maduración alcanza €1.800 millones, casi el doble de sus ingresos anuales y una cifra cercana a su capitalización bursátil. Diageo, por su parte, vio cómo el peso de los inventarios sobre sus ingresos subió de un 34% en 2022 a un 43% en 2025, según los datos citados por el medio.
La causa no es una sola. El auge de consumo que siguió a la pandemia se ha frenado, y se han sumado cambios de hábito generacionales y factores estructurales. Los jóvenes tienden a beber menos, hay una mayor preocupación por la salud y la moderación, y la adopción rápida de medicamentos para la pérdida de peso como Ozempic, un fármaco basado en semaglutida que reduce el apetito, ha contribuido a esa moderación. "La industria global de bebidas alcohólicas atraviesa una transformación silenciosa pero profunda", dijo Diego Gizzi, director de Dichter & Neira en Latinoamérica Sur, en referencia a un consumo total que ya no crece como antes.
La acumulación de stock presiona a las compañías a tomar decisiones concretas. Algunos productores han optado por reducir o pausar producción y cerrar temporalmente destilerías para no seguir llenando bodegas que tardan años en vaciarse. En paralelo, los distribuidores buscan estrategias para mover inventario, lo que puede traducirse en promociones, descuentos o el retraso de lanzamientos de productos premium.
¿Qué significa esto para Chile? Para consumidores, bares y tiendas, puede haber movimientos visibles en los próximos meses: más ofertas en whiskies y tequilas maduros, menos lanzamientos exclusivos y una presión a la baja en los márgenes de importadores y distribuidores locales. El efecto concreto en precios dependerá de la combinación entre estrategias de las multinacionales, la demanda local y el tipo de cambio, ya que las importaciones se venden en pesos.
Para las empresas chilenas vinculadas a la importación y distribución, el desafío es de flujo y espacio: reducir inventario sin sacrificar rentabilidad es como vaciar una bodega con la llave de la puerta atascada. A la vez, la situación abre una oportunidad para que alternativas de menor graduación o bebidas listas para beber ganen terreno, porque los consumidores que moderan su consumo buscan sustitutos.
La normalización no será rápida. Los licores añejos requieren tiempo para madurar, así que el exceso de stock actual puede tardar años en absorberse. En ese período, los consumidores chilenos podrían ver tanto descuentos como menor disponibilidad de ediciones muy envejecidas. Para seguir la evolución, conviene mirar los próximos balances de las multinacionales y las promociones de los importadores locales, porque ahí estarán las señales de si este exceso de inventario se traduce en una rebaja sostenida de precios o en una reconfiguración del mercado hacia bebidas más ligeras.
