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Parque Andino Juncal recuperado, ahora enfrenta la amenaza de la minería

Ilustración del perfil editorial Andrés FigueroaAndrés FigueroaEdición automatizada bajo responsabilidad de Periodismo2
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El Parque Andino Juncal, que protege casi 14.000 hectáreas en la alta cordillera de Valparaíso, se recuperó desde 2003 y hoy enfrenta presión por la minería.

En la alta cordillera del Valle del Aconcagua, Región de Valparaíso, el Parque Andino Juncal es administrado por una iniciativa privada que desde 2003 mantiene presencia permanente y controles de acceso para proteger su biodiversidad. Martín Sapaj Aguilera, encargado de operaciones del parque, precisa que la unidad custodia casi 14.000 hectáreas sobre los 2.000 metros de altitud y que la gobernanza activa ha sido clave para la conservación.

Durante gran parte del siglo XX, el territorio estuvo sometido a actividades sin planificación: minería a pequeña escala, ganadería, caza, uso libre de refugios y ejercicios militares dejaron basura, cercos, restos bélicos y suelos erosionados. Esas prácticas empobrecieron humedales y glaciares, y desplazaron a la fauna local; por ejemplo, hace 15 años era raro ver guanacos en la zona.

El giro comenzó en 2003, cuando se restringieron los usos y se permitió la recuperación natural del paisaje. No se recurrió a grandes intervenciones artificiales, sino a medidas de ordenamiento territorial, vigilancia y manejo de visitantes. Con ese enfoque, procesos de sucesión ecológica y la protección de humedales han permitido la reaparición de especies y la reducción de impactos visibles en las laderas.

El parque forma parte de un continuo cordillerano de más de 300.000 hectáreas, pero representa apenas alrededor del 3% de la superficie protegida efectivamente en la Región de Valparaíso. Su carácter privado y los cupos limitados de visitantes responden a la fragilidad de los ecosistemas de montaña: la entrada masiva puede causar erosión, perturbación de fauna, acumulación de residuos e impacto en cuerpos de nieve y glaciares.

Hoy, la conservación que tardó décadas en consolidarse enfrenta presiones desde la posible expansión de actividades mineras en la cordillera aledaña. Las eventuales solicitudes de permisos de exploración y concesiones mineras activan procesos regulatorios que dependen de instituciones como el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) y la Dirección General de Aguas, además de decisiones municipales y regionales. Fuentes del parque y conservacionistas alertan sobre el riesgo de que esas autorizaciones afecten la integridad de humedales y corredores faunísticos.

El panorama obliga a combinar criterios técnicos y territoriales: determinar la compatibilidad entre extracción y conservación, asegurar evaluaciones ambientales rigurosas y coordinar a los distintos actores locales. El parque reclama que cualquier tramitación considere la recuperación ya lograda y la presencia permanente de guardaparques como garantes de la protección.

A corto plazo, la situación dependerrá de las resoluciones que adopten las autoridades competentes y del alcance de las solicitudes mineras en trámite, cuando existan. Para comunidades y gestores del Parque Andino Juncal está en juego no solo un paisaje recuperado, sino la continuidad de procesos ecológicos que tardaron décadas en restablecerse.

Fuente original

eldesconcierto.cl

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