El neurobiólogo español José Luis Trejo, investigador del Centro de Neurociencias Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid, acaba de publicar Neuronas en marcha, un libro que resume la evidencia sobre cómo la actividad física beneficia el cerebro y advierte sobre los riesgos del sedentarismo.

Trejo, con más de dos décadas estudiando la relación entre movimiento y cerebro, recuerda la frase del premio Nobel Santiago Ramón y Cajal sobre que todos podemos ser “escultores” de nuestros cerebros y sostiene que una herramienta clave para esa escultura es la actividad física. Según el autor, el movimiento no solo mejora la condición física, también altera procesos cerebrales fundamentales: aumenta el número de neuronas, mejora la eficiencia sináptica, que es la comunicación entre neuronas, y optimiza la función mitocondrial, las «pilas» que alimentan a las células nerviosas.

Es importante distinguir tipos de evidencia. Gran parte de los hallazgos sobre neurogénesis adulta y ejercicio provienen de estudios en animales, donde los efectos son claros. En humanos existen ensayos y estudios observacionales que muestran mejoras cognitivas y de ánimo asociadas a la actividad física, pero aún faltan pruebas definitivas sobre la «dosis» exacta de movimiento necesaria para cada beneficio. El propio Trejo subraya estos límites en su libro, y recoge resultados y revisiones científicas que vinculan el movimiento con el hipocampo, una región relacionada con la memoria y el estado de ánimo.

Sobre lo práctico, la advertencia del investigador es doble: "Hacer ejercicio es genial, pero hay que minimizar también el tiempo que pasamos sentados". No basta con una sesión en el gimnasio: el cerebro interpreta la inactividad prolongada como una señal biológica negativa, y la evidencia institucional, como las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), apunta a combinar actividad aeróbica regular con menos horas sentado a lo largo del día (OMS, 2020).

Para la población, esto implica cambios cotidianos: moverse durante el día, incorporar paseos cortos, optar por escaleras, y reducir periodos largos de sedentarismo en el trabajo y la casa. Desde la perspectiva de salud pública, los autores y organizaciones internacionales plantean que es necesario promover entornos urbanos y laborales que faciliten la actividad física, aunque la traducción de la evidencia científica en políticas públicas exige diálogo entre investigadores, autoridades y sectores privados.

En síntesis, Neuronas en marcha sitúa al movimiento como un factor biológico relevante para la salud cerebral, pero también recuerda la prudencia científica: hay efectos bien documentados, especialmente en modelos animales y en indicadores cognitivos humanos, y quedan por precisar la intensidad, frecuencia y tipo de actividad óptimos para diferentes edades y condiciones. Los próximos pasos incluyen ensayos clínicos más concretos y políticas que reduzcan el sedentarismo en la vida diaria.